A idéia de centro nas tradições antigas
Entre las figuras que incluyen un número mayor de radios debemos mencionar especialmente las ruedas o «ruedecillas», que tienen habitualmente seis u ocho (figs. 3 y 4). La «ruedecilla céltica», que se ha perpetuado a través de casi todo el Medioevo, se presenta en una de esas dos formas; estas mismas figuras, sobre todo la segunda, se encuentran también muy a menudo en los países orientales, particularmente en Caldea y en Asiria, en la India (donde la rueda se llama chakra) y en el Tíbet. Por otra parte, existe estrecho parentesco entre la rueda de seis rayos y el crisma1 , el cual, en suma, no difiere de aquélla sino en el hecho de que la circunferencia a que pertenecen las extremidades de los rayos no está trazada de ordinario; ahora bien: la rueda, en lugar de ser simplemente un signo «solar», como se enseña comúnmente en nuestra época, es ante todo un símbolo del Mundo, lo que podrá comprenderse sin dificultad. En el lenguaje simbólico de la India, se habla constantemente de la «rueda de las cosas» o de la «rueda de la vida», lo cual corresponde netamente a esa significación; y también se encuentra la «rueda de la Ley», expresión que el budismo ha tomado, como tantas otras, de las doctrinas anteriores, y que por lo menos originariamente se refiere sobre todo a las teorías cíclicas. Debe agregarse aún que el Zodíaco también está representado en forma de una rueda, de doce rayos, naturalmente, y que, por otra parte, el nombre que se le da en sánscrito significa literalmente «rueda de los signos»; se podría también traducirlo por «rueda de los números», según el sentido primero de la palabra râçi, con que se designan los signos zodiacales2 .
Hay además cierta conexión entre la rueda y diversos símbolos, florales3 ; habríamos podido hablar, inclusive, para ciertos casos al menos, de una verdadera equivalencia4 . Si se considera una flor simbólica como el loto, el lirio o la rosa5 su abrirse representa, entre otras cosas (pues se trata de símbolos de significaciones múltiples), y por una similitud bien comprensible, el desarrollo de la manifestación; ese abrirse es, por lo demás, una irradiación en torno del centro, pues también en este caso se trata de figuras «centradas», y esto es lo que justifica su asimilación a la rueda6 . En la tradición hindú, el Mundo se representa a veces en forma de un loto en cuyo centro se eleva el Meru, la Montaña sagrada que simboliza al Polo.
NOTAS