Excertos da versão espanhola "El Tiempo Vivo y la Integracion de la Vida (Esoterismo y Realidad)", do livro "Living Time"
LA INVISIBILIDAD DE UNO MISMO
Todos podemos ver directamente el cuerpo de otra persona. Podemos ver el movimiento de sus labios, sus ojos que se abren y se cierran, las líneas de su boca y los cambios que ocurren en su rostro; su cuerpo expresándose como un todo en la acción. La persona en sí es invisible.
Podemos ver su exterioridad mucho más comprensivamente de lo que puede verse ella misma. Ella no se ve en la acción. Y si se observa ante un espejo cambiará psicológicamente, se inventará a sí misma. Para nosotros es muy precisa y visible, muy definida y muy clara a la vista y al tacto, aun cuando para sí misma no lo sea. Y nosotros igualmente somos algo preciso y claro' para ella; parecemos tener una existencia real y sólida, aun cuando a nosotros no nos parece que tengamos semejante existencia real y sólida.
Los unos parecemos más precisos a los otros de lo que podemos ver de nosotros mismos, debido a que vemos claramente el aspecto visible de las gentes, así como ellas ven el nuestro. Si pudiésemos discernir el aspecto invisible de los demás con la misma facilidad con que discernimos el visible, viviríamos en una nueva humanidad. Tal cual somos, vivimos en una humanidad visible, en una humanidad de apariencias. En consecuencia, es inevitable que exista un extraordinario número de mal entendidos.
Consideremos los medios de comunicación que tenemos. Están limitados a los músculos, principalmente a los más pequeños. Hacemos señales por medio de los músculos, ya sea hablando o gesticulando. A fin de que pueda llegarle a otra persona, todo pensamiento, todo sentimiento, toda emoción ha de transmitirse por medio de movimientos musculares; así se hacen visibles, audibles o tangibles. Nuestras comunicaciones son malas, en parte porque nunca advertimos cómo lo hacemos, y, en parte, porque es sumamente difícil comunicar cosa alguna, salvo las observaciones más simples, sin correr el riesgo de que las señales sean mal interpretadas. También ocurre muy a menudo que no sabemos a ciencia cierta que es lo que estamos tratando de comunicar. Finalmente, todo cuanto en verdad es importante no puede expresarse.
Tan inagotable caudal de malentendidos y de infelicidad existen debido a que nuestra manera de comunicarnos es tan mala, y a que los demás comprenden nuestras señales a su modo, agregándoles sus propios pensamientos y sentimientos. Pero esto es ver el asunto desde un solo punto de vista, pues si pudiésemos mostrar más fácilmente a los otros nuestro aspecto invisible, surgirían nuevas dificultades.
Ahora bien; todos nuestros pensamientos, todas nuestras emociones, sentimientos; toda nuestra imaginación; todos nuestros ensueños, ambiciones, fantasías; todos son invisibles. Todo cuanto pertenece a nuestros proyectos, planes secretos, ambiciones, todas nuestras esperanzas, temores, dudas, perplejidades; todos nuestros afectos, especulaciones, ponderaciones, vaciedades, incertidumbres; todos nuestros deseos, aspiraciones, apetitos, sensaciones; todos nuestros gustos, disgustos, aversiones, atracciones, amores y odios; todo ello es invisible. Todo ello es lo que constituye la suma de uno mismo.
Pueden o no delatar su existencia. Por lo general le delatan mucho más de lo que suponemos. Todos somos más o menos obvios para los demás, más de lo que creemos. Pero todos estos estados internos, todas estas modalidades, pensamientos, etc., son invisibles en sí, y todo cuanto de ellos podamos advertir los unos en los otros lo advertimos mediante la expresión del movimiento muscular.
Nadie puede ver el pensamiento. Nadie sabe lo que nosotros estamos pensando. Creemos conocer a otras personas, y toda la fantasía que tenemos los unos acerca de los otros forma un mundo de gente ficticia, gente que ama y que odia.
Me es imposible decir que conozco a alguien, y es igualmente imposible decir que haya alguien que me, conozca a mí. Puedo ver fácilmente todos vuestros movimientos corporales y vuestra apariencia externa, tengo cien impresiones que no existen en vuestras mentes; os he visto como parte del panorama, parte de la casa, parte de la calle, y tengo un conocimiento de vosotros que quisierais conocer; quisierais saber la impresión que producís, cómo os veis. Pero no puedo veros por dentro y no se lo que sois; no lo podré saber nunca. Y aun cuando yo tengo este acceso directo a vuestro aspecto visible, vosotros tenéis acceso a vuestra propia invisibilidad. Este acceso directo a vuestra propia invisibilidad lo podéis tener únicamente vosotros, si es que aprendéis a usarlo. Yo y cualquiera otra persona pueden veros y oíros. Todo el mundo puede veros y oíros. Pero solamente vosotros podéis conoceros a vosotros mismos.
De esta suerte somos como dos sistemas de palancas, uno que trabaja con todas las ventajas en un sentido, y el otro con todas las ventajas en otro.
Es posible que todo esto le resulte sumamente obvio al lector, pero le aseguro que no todo es tan obvio. Es algo sumamente difícil de captar, ya trataré de explicar por que lo es. Nosotros no captamos el hecho de que somos invisibles. No nos damos cuenta de que vivimos en un mundo de gentes invisibles. No comprendemos que antes que cualquiera otra definición que se le pueda dar, la vida es un drama de lo visible e invisible.
La razón porqué no podemos captarlo, es que se trata de una idea. En este libro, que trata acerca de una o dos ideas, significo por 'idea' aquello que tiene el poder de alterar nuestro punto de vista y cambiar el sentido que tenemos acerca de las cosas. Una idea es, por supuesto, invisible; y bien podemos pasar la vida sin tener una sola idea en el sentido que significo. Pensamos que tan sólo el mundo visible tiene realidad y estructura, y no concebimos la posibilidad de que el mundo psicológico, ese mundo interior que conocemos como nuestros pensamientos, sentimientos e imaginación, puede también tener una estructura real y existir en su propio 'espacio', aun cuando no se trata de ese espacio con el que tenemos contacto a través de los órganos de los sentidos.
A este espacio interior es a donde pueden llegar las ideas. Pueden visitar la mente. Lo que vemos mediante el poder de una idea no podemos verlo cuando ya hemos perdido el contacto con ella. Todos hemos pasado por aquella experiencia de ver repentinamente la verdad de cualquier cosa en que nos fijamos por primera vez. En tales momentos somos diferentes, y si estos momentos pudiesen permanecer en nosotros, viviríamos permanentemente alterados. Pero llegan a nosotros como relámpagos con sus huellas de un conocimiento directo.
La descripción de una idea es muy distinta de su conocimiento directo. Lo primero requiere tiempo, lo segundo es instantáneo. La descripción de la idea de nuestra invisibilidad es muy distinta de nuestra vivencia de ella; únicamente pensando de una manera diferente acerca de esta invisibilidad de todas las gentes y de nosotros mismos, podemos atraerla, de suerte que nos ilumine directamente.
Semejantes ideas actúan directamente sobre la substancia de nuestra vida, como si fuesen una combinación química; y el 'shock' del contacto con ellas puede, a veces, ser tan poderoso que efectivamente cambie la vida del hombre y no sólo su comprensión del momento. Nuestra preparación para disfrutar de las posibilidades de nuevos significados, que es lo más deseable que pueda darse, ya que la falta de significados es una enfermedad, es algo que no puede separarse del contacto con las ideas que tienen un poder transformador.
En este sentido, podemos pensar acerca de una idea como si fuese algo que nos pusiese en contacto con otro grado de comprensión, sacándonos de la rutina interior y del habitual estado de indolencia de nuestro ser consciente. O sea, como algo que nos aleja de nuestra 'realidad' No podemos tener una comprensión diferente sin ideas.
Fácil es decir que somos invisibles. Pero así como algunas veces captamos el significado de alguna frase corriente que hemos usado a menudo, así podemos también captar el significado de nuestra propia invisibilidad. Lo podemos captar repentinemente si repetimos a menudo la frase: Yo soy invisible. En este punto es donde uno comienza a darse cuenta de que tiene una existencia separada.
Pero esta no es una idea 'natural' porque no deriva de la experiencia sensoria ni del hecho perceptible. Aun cuando ya la sepamos en un sentido, no la sabemos con la autoridad que emana de la percepción interna de su verdad. Este conocimiento, discernido a medias y que llevamos en pos de nosotros, no puede,, según mi opinión, quedar expuesto a la luz, salvo mediante el poder de las ideas. Porque, por encima de todo y más que cualquier otra cosa, lo que ordinariamente nos influencia es el mundo visible, el mundo de las apariencias, el mundo que percibimos a través de los sentidos.
Este enorme mundo sensorio, con toda su algarabía, color y movimiento, y que fluye hacia nosotros por los canales siempre abiertos de la vista y del oído, es lo que abruma nuestra débil comprensión. Si logro darme cuenta de mi propia invisibilidad y por un momento logro también un nuevo sentido de mi propia existencia, al momento siguiente ya estoy perdido en los efectos de las cosas externas. Sólo percibo el bullicio de la calle y no puedo lograr de nuevo la experiencia. Y vuelvo otra vez a mi mente 'natural', que se siente llamada por todo lo perceptible y para la cual las pruebas que procuran los sentidos constituyen el principal fundamento de su criterio de la verdad. Habiendo experimentado algo 'interno', me encuentro nuevamente en lo 'externo'. Y aquella verdad que me fue demostrada directamente como verdad interna, no me la puedo demostrar a mí mismo con mi razón natural, a menos que lo haga como teoría o como una concepción.
Diría que todas las ideas que tienen el poder de modificarnos y de permitir que a nuestra vida penetren nuevos significados, son ideas que tratan acerca del aspecto invisible de las cosas. No se las puede demostrar directamente como tampoco se puede llegar a ellas tan sólo mediante el razonamiento, pues, siendo relativas a lo invisible de las cosas, no es posible acercarse a ellas mediante el razonamiento que hacemos de acuerdo, y en base, a la evidencia de los sentidos. Antes de poder llegar a la idea del Tiempo, que es el tema principal de este libro, y que puede entenderse únicamente apartándonos de las apariencias y pensando acerca del 'mundo invisible' desde el ángulo de las dimensiones, es preciso que hagamos algún esfuerzo a fin de captar nuestra propia invisibilidad. Pues creo que no podremos entender nada acerca del mundo 'invisible' si antes no captamos nuestra propia invisibilidad.
Esto exige cierta clase de esfuerzo, un esfuerzo similar al que se requiere para darse cuenta, en algún grado, de la invisibilidad esencial y de la incognoscibilidad de otra persona. En este sentido creo que jamás podremos darnos cuenta de la existencia de otra persona de un modo real y efectivo, a menos que, ante todo, nos demos cuenta de nuestra propia existencia. Darse cuenta de la propia existencia, como una experiencia real, es darse cuenta de la propia invisibilidad esencial.