O Grão de Mostarda
En la parábola del Sembrador vimos que al hombre se le siembra en la tierra como material para el reino de los cielos. Y en la segunda gran parábola, acerca del trigo y de la cizaña, vimos que la enseñanza del reino se siembra en el hombre. Primero se siembra a éste en la tierra. Después, se siembra en el hombre, que está sobre la tierra, la enseñanza acerca de la evolución interior. Pero con relación a esta segunda siembra, el hombre mismo es la "tierra". El hombre es en sí mismo una tierra en la que se siembra la enseñanza acerca de un nivel superior. Tratemos de penetrar este concepto lo más claramente posible. El cielo siembra al hombre en la tierra. El hombre, entonces, está en la tierra, pero no todos los hombres se encuentran en el mismo estado o en la misma condición con respecto al reino. Entonces el hombre es, a su vez, la tierra, una tierra psicológica en el caso de aquellos que pueden recibir la enseñanza que en ella se siembra. Respecto a esto es sobre lo que trata la segunda parábola acerca del trigo y de la cizaña.
Tras estas dos parábolas iniciales, aquella del Sembrador y del hombre, y la del Sembrador de la enseñanza acerca de su evolución, siguen dos parábolas breves. La del hombre como un grano de mostaza, y la de la mujer y la levadura. Ambas vienen inmediatamente después de la del trigo y de la cizaña. En Mateo se relatan de la siguiente manera:
"Otra parábola les propuso, diciendo: «El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas. Y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas».
"Otra parábola les dijo: «El reino de los cielos es semejante a una levadura que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina hasta que todo quedó leudo»." (Mat. XIII, 31-33.)
¿Qué es lo que estas dos parábolas quieren decir? Si sobre ellas se piensa, se verá que se refieren a tomar el Verbo del reino. Tuvimos primero la parábola de la siembra del hombre sobre la tierra, y luego la de la siembra de la enseñanza sobre la "tierra" que es el hombre mismo. De manera que ahora únicamente puede esperarse que sigan parábolas acerca de cómo el hombre, como "tierra", recibe o toma esta enseñanza.
Adviértase ante todo que en estas dos breves parábolas se presenta la idea de tomar. ¿Tomar qué? Coger, adueñarse de la enseñanza sembrada en el hombre. Es obvio que se trata de parábolas que indican cómo éste puede aprehender para sí la enseñanza que en él se siembra. Tomar es lo que se requiere primero, antes que nada. El hombre toma la simiente, o sea que por sí mismo tiene que adueñarse de la enseñanza del reino. Y aún más: tomar implica también que alarga la mano a fin de poder hacerlo, y la mano, en el antiguo lenguaje de las parábolas, significa poder. Porque en un sentido físico o literal, es con la mano con lo que el hombre toma lo que quiere. Tomar significa entonces que el hombre piensa y elige por sí mismo; y en esta forma coge la enseñanza acerca del reino de los cielos de sí mismo. En la primera parábola se dice que el hombre no solamente toma, sino que, asimismo, siembra. Toma y siembra la más pequeña de todas las simientes. ¿Dónde la siembra? La toma y la siembra en su propio campo. O sea en lo que le es propio. Tenemos un aspecto externo que no es nuestro, y un aspecto interno que somos nosotros mismos. Lucas habla del propio jardín. Y cuando el hombre ya ha hecho todo esto, cuando ha cogido la simiente y la ha sembrado en su propio jardín, se convierte en un árbol. ¿En qué dirección crece? Asciende desde el nivel de su mente terrena a aquel de la mente superior que se llama el reino de los cielos. Luego comienza a saber lo que es el pensamiento en un nivel superior. Le llegan pensamientos que no son los propios de la Tierra, sino que son pensamientos de un significado sutil, pleno y fino, que están muy por encima de la áspera naturaleza que corresponde a la mente terrenal cimentada en los sentidos. Este es el verdadero crecimiento del significado, y así tenemos que es la mente en su verdadero desarrollo, lanzando ramas de significados como un árbol. El desarrollo de la mente es la percepción de significados cada vez más finos. Se desarrolla al ir captando distinciones más y más finas. Las aves del cielo llegan a anidar en las ramas de este pensamiento que crece y se desarrolla. En el lenguaje de las parábolas, las aves simbolizan pensamientos. Aquí, esto indica significados muy finos y pensamientos que corresponden al nivel del reino de los cielos. Se puede comparar el caso al de una persona enferma de la vista, que todo lo ve muy borrosamente y que de pronto comienza a recibir ojos nuevos y más finos.