LOS OBREROS DE LA VIÑA
En más de una oportunidad Cristo utiliza la frase: "Mas muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros". En una parte estas palabras se usan tras haber los discípulos expresado la idea de que el reino de los cielos es terrenal, conforme a las apariencias de las cosas con que están familiarizados en este mundo. Cristo ha estado explicando cuan difícil es que un rico entre al reino. Cristo habla de ser rico, y establece un contraste con los niños que aún son inocentes porque todavía no han adquirido ninguna de aquellas falsas nociones acerca de si mismos. Los discípulos han tomado sus palabras de modo literal. Pedro exclama:
"He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido. ¿Qué, pues, tendremos?" Esta es justamente la pregunta que hacen todos los que no comprenden nada. ¿Qué, pues, tendremos?
Lo exigen como si ya tuviesen algo, como si ya fuesen efectivamente ricos. Cristo les contesta de acuerdo a su nivel de comprensión. Les promete que se sentarán en tronos y juzgarán a las tribus de Israel. Lo dice irónicamente, pero la ironía queda velada en vista de lo que va a decir a continuación. Y responde: "De cierto os digo que vosotros que me habéis seguido en la regeneración, cuando se sentará el Hijo del Hombre en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las tribus de Israel" (Mat. XIX, 28). Luego, y como si lo hubiese ponderado un poco más, agrega: "Mas muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros" (Mat. XIX, 30). E inmediatamente empieza a contradecirlo todo, debido a que los discípulos están faltos de comprensión acerca de lo que es el reino y de lo que el hombre tiene que ser para poder entrar en él. En una parábola les muestra cómo todas las ideas terrenales acerca de ser primero, acerca de las recompensas y de lo que llamamos justicia y precedencia, sencillamente no existen en aquel nivel de comprensión que es el reino.
"Mas muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros. Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a ajustar obreros para su viña. Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Y saliendo cerca de la hora de las tres, vio otros que estaban en la plaza ociosos; y les dijo:
«Id también vosotros a mi viña y os daré lo que fuere justo». Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima halló otros que estaban ociosos; y álceles: «.¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?» Dícenle: «Porque nadie nos ha ajustado». Díceles: «Id también vosotros a la viña y recibiréis lo que fuere justo». Y cuando fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su mayordomo: «Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros». Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y tomándolo, murmuraban contra el padre de familia. Diciendo: «.Estos postreros sólo han trabajado una hora y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día». Y él, respondiendo, dijo a uno de ellos: «Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo y vete; mas quiero dar a este postrero como a ti. ¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? o ¿es malo tu ojo porque yo soy bueno?» Así los primeros serán postreros y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos." (Mat. XIX, 30; XX, 16.)