Jami, en las Lawa'ih ( «Destellos», Claridades ), 2617, resume la doctrina del Momento ( o «Tiempo interior» ) acordemente a Ibnu'l-‘Arabi: «el universo consiste en accidentes pertenecientes a una única substancia, la cual es la Realidad subyacente a todas las existencias. Este universo se cambia y se renueva incesantemente en cada momento y en cada soplo. En cada momento un universo es aniquilado y otro en su semejanza ocupa su lugar... A consecuencia de esta rápida sucesión, el espectador es engañado en la creencia de que el universo es una existencia permanente...
El ser del mundo es una ola, dura
Upanishad momento, y al siguiente tiene que partir...
En el mundo, los hombres de conocimiento pueden discernir
Upanishad océano cuyas corrientes giran y surgen y baten;
Y en la fuerza que opera dentro del océano,
Pueden aprender la operación oculta de la Verdad...
Así, jamás acontece que el Ser Verdadero se revele en dos momentos sucesivos bajo el disfraz del mismo fenómeno».
R. A. Nicholson resume similarmente la doctrina de Ibnu'l-‘Arabi: «Los fenómenos están cambiando y siendo creados de nuevo perpetuamente, mientras Dios permanece como Él siempre fue, es, y será. De hecho, toda la serie infinita de las individualizaciones es una tajalli ( iluminación ) eterna y siempre presente que jamás se repite a sí misma»; y agrega en una nota esta importante reserva, «pero no hay ningún momento de no-ser entre los sucesivos actos de creación», tomando esto de al-‘Arabi, Fususu'l-?ikam, 196 sig.19. Tanto las Lawa'ih como Nicholson recalcan una distinción entre la verdadera doctrina de Ibnu'l-‘Arabi y la de los «atomistas» ash‘aritas, que parecen haber creído en una realidad independiente de las mónadas momentáneas, mientras que «Ibnu'l-‘Arabi no admite ningún secundum quid, ni siquiera uno que dura sólo un momento». Aquí parecemos encontrarnos nuevamente con la distinción entre un atomismo materialista y el principio muy diferente de un tiempo o espacio atómico sin duración ni dimensiones, y por consiguiente inmaterial.
El concepto del Tiempo indivisible y absoluto, o Eternidad, reaparece nuevamente en el magnífico Mathnawi de Jalalu'd Din Rumi. El dicho de que «este mundo es sólo un momento» ( sa‘at ) se atribuye al Profeta: «Así pues, cada instante tú estás muriendo y retornando... El mundo se renueva a cada soplo ( nafas ), y nosotros no lo sabemos porque permanece ( aparentemente el mismo ). La vida está siempre llegando nueva, como la corriente, aunque en el cuerpo tiene la semejanza de la continuidad: debido a su rapidez parece ser continua, como la chispa que haces girar vivamente con tu mano... la viva moción producida por la acción de Dios presenta esta larga duración ( del tiempo extendido ) como ( una apariencia causada por ) la rapidez de la Acción Divina» ( Mathnawi 1.1142-8 ), — o como lo expresaría un cristiano, por la «subitaneidad» del Espíritu Santo. La analogía es buena porque, de hecho, la «chispa», que representa el Ahora de la Eternidad, es única, cualquiera que pueda ser su posición aparente sobre la línea del incesante movimiento. Nicholson comenta: «Todo el círculo de la creación ( sánscrito bhava-cakra, el ò trochos tes geneseos de S. Juan ) comienza y acaba realmente en un único punto, es decir, la Esencia de Dios, la cual nosotros la percibimos bajo la forma de extensión... un destello de Iluminación Divina ( tajalli ) que revela al Uno como los Muchos y a los Muchos como el Uno».
Al mismo tiempo, el concepto sufi de la existencia momentánea de los accidentes ( ‘arz, es decir, hechos, eventos, aconteceres, intenciones ) no excluye en modo alguno la operación continua de la causalidad, que encadena los eventos pasados con los futuros. «Si no hubiera translación o recurrencia de los accidentes, la acción sería en vano... pero esos accidentes son transitorios en otra apariencia; la recurrencia de toda cosa mortal es otra existencia... Todas las partes del mundo son sólo el resultado del accidente... Esto se produce por eso, y eso se produce por esto, en sucesión productiva... Este mundo y el otro siempre están dando nacimiento, toda causa es una madre, el efecto nace como su hijo; y cuando el efecto ha nacido, eso, también deviene una causa» ( Mathnawi 2.960-1000 ). Pero la operación de esta causalidad es misteriosa, «oculta, y no se ve claramente».
Nuevamente, en lo concerniente al hombre que trasciende el espacio, en quien está la luz de Dios; ¿qué tiene él que ver con el pasado, o el futuro, o el presente?. «Su existencia en el tiempo pasado o futuro es sólo en relación a ti; ambos son lo mismo para Él, pero tú los consideras como dos» ( Mathnawi 3.1152-3 ). «Aliméntame, pues estoy hambriento, y apresúrate, pues el "momento ( waqt ) es una espada cortante", y el sufi es un "hijo del Momento" ( ibnu'l waqt ); no es la regla de la Vía decir "mañana"» ( Mathnawi 1.132-3, cf. 3.2627 y nota ). La nota de Nicholson sobre 1.133 cita lo siguiente de Faridu'd Din Attar, Tadhkiratu'l Awliya 2.179.10, «Upanishad millar de años pasados multiplicados por un millar de años futuros están presentes ( naqd ) a ti en este "Momento" ( waqt ) en el que tú eres»; y sobre 1.1142-8 cita la explicación de Wali Muhammad de que «los shufis creen que en cada momento se aniquila un mundo ( ‘alami ) y que la semejanza de él viene instantáneamente a la existencia, porque Dios tiene atributos opuestos que nunca cesan de mostrarse; por ejemplo, Él es a la vez Muhyi, "El que da la vida", y Mumit, "El que da la muerte"». Así pues, «esta "yo-idad" viene a mí desde Él momento a momento mientras yo vivo» ( Mathnawi 1.2197 ): «a cada instante, ese Amado asume una nueva vestidura» ( Shams-i-Tabriz, Diwan ).
Así pues, el sufi es «"el hijo del momento"... el benigno padre del sufi, que es el "Momento", no le permite reducirse a la necesidad de considerar el mañana... Él ( el sufi ) es del Río, no del tiempo, pues "con Dios no hay mañana ni tarde": allí el pasado y el futuro y el tiempo sin comienzo y el tiempo sin fin no existen... Él ( el sufi ) es el hijo de "ese momento" por el que ha de comprenderse sólo una negación de las divisiones de los tiempos, de la misma manera que la expresión "Dios es Uno" ha de comprenderse sólo como una negación de la dualidad, no como una descripción de la verdadera naturaleza de la Unidad» ( Mathnawi 6.2715, Encabezamiento ). La Nota de Nicholson, en el Comentario, señala que el «Río» representa «la indivisible continuidad del mundo espiritual, donde todas las cosas "coexisten en un Ahora eterno"»; así mismo, sobre 6.2782, donde dice que puesto que el ininterrumpido venir y partir de los pensamientos «nunca cesa ni siquiera un instante, los pensamientos deben ser las manifestaciones fenoménicas de una única Esencia que es sin cambio y permanente». En otras palabras, el tiempo es una imitación de la eternidad, de la misma manera que el devenir es una imitación del ser, y como el pensamiento es una imitación del conocimiento.