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Coomaraswamy Peregrino

El peregrinaje es un procedimiento desde la potencialidad al acto, desde el no ser al ser, desde la obscuridad a la luz. Obsérvese el cambio de construcción en la cuarta línea del primer verso; el que ha estado sucesivamente ( en ) los tres estados inferiores, puesto que procede ( caran ) alcanza u obtiene ( sampadyate ) ahora el estado de Krta. Sampad no sólo implica «éxito» o «logro final» ( en este sentido, cf. sampatti ), sino que debe observarse que sam ( aquí como en sam-bodhi, sam-bhoga, sam-bhu y demás ) agrega el valor de compleción, de perfección, o de universalidad a la raíz a la que se encuentra prefijado. Sam agrega también a la raíz el significado de «con»: de manera que sampad es así no sólo «alcanzar», sino literalmente «marchar con» o «acompañar»; sampad implica una entrada adentro y una coincidencia con eso que se alcanza, como en Chandogya Upanisad VI.8.6 vag manasi... sampadyage y VIII.3.4 paramjyotir upasampadya.

Krta es entonces la meta de nuestro viajero. Su procedimiento desde la potencialidad al acto puede expresarse en términos familiares diciendo que él está en su camino para devenir un krtsna-karma-krt ( «uno que ha cumplido la totalidad de la tarea», Bhagavad Gita IV.18 ) y un krtakrtyah ( «uno que ha hecho lo que tenía que hacerse», Aitareya Aranyaka II.5, Maitri Upanisad II.1, y VI.30 ). No nos estamos olvidando en modo alguno de que Kali, Dvapara, Treta y Krta son tiros en el juego de dados, respectivamente uno, dos, tres y cuatro, desde el más bajo al más alto. Hemos tenido presente esto al emplear las palabras «fortuna» y «suerte», y en el cuarto verso podríamos haber traducido «A Kali arroja...» Pero el hecho de que se empleen los términos de un juego, no invalida lo más mínimo una connotación anagógica ( paramârthika ): de lo cual tenemos un ejemplo admirable en el juego de damas, donde hasta este día en el vernáculo indio, a la pieza que logra cruzar el campo y que alcanza así el otro lado o la otra orilla, se le corona rey y se le llama como al Comprehensor liberado, kamâcarin, un «Movedor a voluntad», y de hecho, tiene el poder de ocupar cualquier posición en el tablero. Por consiguiente, no hay necesidad de tratar, como alternativas incompatibles, un significado como «tiros de dados» y un significado como «eones». De la misma manera que en la escolástica latina, en sánscrito la palabra tiene significados múltiples, todos ellos igualmente válidos; como acabamos de ver, kamâcarin puede significar una «pieza coronada» o un «comprehensor» o ambos a la vez. Le corresponde al traductor, si puede, descubrir los términos equivalentes a los que son inherentes una serie de significados correspondientes, y no sólo uno de estos significados.

Finalmente, krtam implica «perfección» y corresponde a krtatman, «espíritu perfeccionado» como este término se usa en Chandogya Upanisad VIII.13, «Como krtatman, yo soy regenerado en el Mundo increado ( akrtam ) de Brahma». Muy a menudo encontramos el termino sukrtatman como «espíritu perfeccionado», y de la misma manera que Sankara explica sukrta, que califica al Mundo de Brahma en Katha Upanisad III.1 por la paráfrasis svakrta, «hecho a sí mismo», así, pero sin aceptar la connotación ética ( puesto que, como se afirma llanamente en Chandogya Upanisad VIII.13 «ni sukrtam ni duskrtam pueden pasar el Puente del Espíritu», cf. Bhagavad Gita V.15 o como lo expresa el Maestro Eckhart, «Allí ni el vicio ni la virtud pueden entrar jamás» ), nosotros sostenemos que krtam = sukrtam, «perfección», y que a un sukrtatman, en las palabras de Taittiriya Upanisad II.7, «se le llama “per-feccionado” porque se hace a sí mismo» ( tad atmanam akuruta, tasmad sukrtam ucyate ), svarambhu = autogenes. Así pues, considerado desde nuestra posición presente, es «sólo con “adelante, siempre adelante”» ( carâiva, carâiva ) como puede lograrse la perfección; pero cuando se haya realizado esta perfección, no se encontrará que haya sido efectuada por nuestro afán, del que sólo quedarán las huellas de nuestros pies en el Camino: nuestro afán no era esencial al ser de esta perfección, a saber, de nuestra propia Perfección, sino sólo dispositivo a nuestra realización de ella. Como lo expresa el Maestro Eckhart, «Cuando entre allí, nadie me preguntará de dónde vine o a dónde fui». El fatigado peregrino ha devenido ahora lo que siempre ha sido, a saber, un Soplo del Espíritu ( marutah, Maitri Upanisad II.1 ), y como tal ya no es un afanado ( sramana ), sino en y del Espíritu que sopla como quiere — vayu, devanam, atma, ( yas ) carati yathá vasam, Rig Veda Samhita X.168.4. Caraiva, caraiva.

ADDENDUM — LA VÍA DEL PEREGRINO, UNA RECENSIÓN BUDISTA

Hemos omitido una gran suma de material pertinente al tema de «La Vía del Peregrino». Sin embargo, nos gustaría llamar la atención sobre las interesantísimas adaptaciones budistas de la historia de Rohita que se encuentran en Samyutta Nikaya I.61-2 y Anguttara Nikaya II.48-9. Aquí hay un diálogo entre el Buddha y el antiguo Rishi Rohitassa ( Rohitâsva, «Caballo Rojo» ) que había intentado «alcanzar el fin del mundo viajando» ( aham gamanena lokass ‘antam papunissami ti ), pero que al no haberlo logrado, es ahora un Deva-putto. Con un sesgo característico, la secuela budista hace que parezca que Rohitassa había sido lo suficientemente ingenuo como para suponer que el fin del mundo podría alcanzarse meramente con un «viaje» persistente en el sentido más literal de la palabra, y que no había comprendido que lo que se requería era el seguimiento de una Vía de la Vida. Si se concede esta presunción implausible, el resto de la versión budista es perfectamente lógico. Lo que el Buddha enseña se resume en los versos siguientes:


«El fin del Mundo no ha de alcanzarse jamás ( meramente ) viajando:
Sin embargo, no hay ningún escape del sufrimiento a no ser que se alcance el Fin del Mundo.
Así pues, que un hombre devenga conocedor del mundo, sabio, acabador del mundo ( lokantagu ), que haya llevado la vida santa ( vusita-brahmacariyo );
Conociendo entonces el Fin del Mundo, como uno que está apagado ( samitavi ), ya no anhela ni este mundo ni ningún otro».

El antiguo Rohitassa realiza ahora, «que no hay ningún fin del sufrimiento sin alcanzar el Fin del Mundo. No, Sire ( dice ), en este mismo cuerpo de seis pies de largo, junto con sus percepciones y pensamientos, proclamo que el mundo tiene su ser, e igualmente su origen y su fin, e igualmente en él uno emprende su propia vía al fin del mundo» ( lokanirodho-gaminim ca patipadanti ).