RESUMOS E COMENTÁRIOS: Ancelet-Hustache
ES5<=SERMÃO VI — IUSTI VIVENT IN AETERNUM.=>ES7
«Los justos vivirán eternamente y su recompensa está con Dios» ( Sabid. 5, 16 ). Ahora fijaos muy bien en el sentido de esta ( palabra ); puede ser que suene simple y comprensible para todos, sin embargo, es muy digna de consideración y del todo buena.
«Los justos vivirán.» ¿Quiénes son los justos? Un escrito dice: «Es justo aquel que da a cada cual lo que es de él»: aquellos pues, que dan a Dios lo que es de Él, y a los santos y a los ángeles lo que es de ellos, y al semejante lo que es de él.
La honra pertenece a Dios. ¿Quiénes son los que honran a Dios? Son aquellos que se han desasido totalmente de sí mismos y no buscan en absoluto lo suyo en ninguna cosa, sea la que fuere, grande o pequeña; aquellos que no miran nada por debajo ni por encima de ellos, ni ( lo que se halla ) a su lado o en ellos; aquellos que no piensan ni en bienes, ni en honores, ni en comodidades, ni en placeres, ni en provecho, ni en recogimiento, ni en santidad, ni en recompensa, ni en el reino de los cielos, habiéndose desasido de todo ello, de todo lo suyo de tales hombres Dios recibe honor y ellos honran a Dios en el sentido propiamente dicho y le dan lo que le pertenece.
A los ángeles y a los santos hay que darles alegría. ¡Oh, maravilla superior a todas las maravillas! ¿Es posible que un ser humano en esta vida les dé alegría a quienes se hallan en la vida eterna? ¡Sí, es cierto! Todo santo siente mucha e inefable alegría por cualquier obra buena; por una voluntad o una aspiración buenas sienten tamaña alegría que no hay boca capaz de pronunciar ni corazón capaz de pensar lo grande que es la alegría que esto les da. ¿Por qué será así? Porque aman a Dios sobremanera, y su amor es tan verdadero que prefieren la honra ( de Dios ) a la bienaventuranza de ellos. Y esto les da tanto placer no sólo a los santos y a los ángeles, sino también a Dios mismo, tal como si fuera la bienaventuranza de Él, y su ser y su contento y su deleite dependen de ello. ¡Pues bien, ahora prestad atención! Si quisiéramos servir a Dios por ninguna otra causa que por la gran alegría que sienten quienes están en la vida eterna, y Dios mismo, podríamos hacerlo con gusto y con todo empeño posible.
También debemos prestar ayuda a quienes están en el purgatorio y ( procurar ) la corrección y de los que todavía viven.
Semejante hombre es justo en determinada manera, pero en otro sentido son justos aquellos que aceptan de Dios todas las cosas con ecuanimidad, sea lo que fuere, grande o chico, querido o desagradable ( considerándolo ) todo como igual, sin más ni menos, una cosa como la otra. Si de algún modo valoras una cosa más que otra, está mal. Debes desasirte por completo de tu propia voluntad.
El otro día se me ocurrió la siguiente idea: si Dios no quisiera como yo, yo querría, sin embargo, como Él. Algunas personas quieren tener su propia voluntad en todas las cosas; eso está mal, ahí hay un defecto. Hay otros un poco mejores: quieren por cierto lo que quiere Dios ( y ) no quieren nada en contra de su voluntad; ( pero ) si estuvieran enfermos, querrían más bien que fuera la voluntad divina que estuviesen sanos. Esa gente preferiría pues, que Dios quisiera según la voluntad de ellos antes que ellos quisieran ( las cosas ) de acuerdo con su voluntad ( de Dios ). Hay que aceptarlo, pero es incorrecto. Los justos no tienen absolutamente ninguna voluntad; todo lo que quiere Dios, les da lo mismo, por grande que sea la aflicción.
Los hombres justos toman tan en serio la justicia que, si Dios no fuera justo, Él no les importaría un comino; y se mantienen tan firmes en la justicia habiéndose desasido tan completamente de sí mismos, que no prestan atención ni al tormento del infierno ni al regocijo del reino de los cielos ni a cosa alguna. Es más: si toda la pena que sufren aquellos que están en el infierno, tanto hombres como diablos, o si todas las penas que en algún momento han sido o serán sufridas en esta tierra, estuvieran relacionadas con la justicia, no les daría un bledo; tan firmemente toman el partido de Dios y de la justicia. Al hombre justo nada le resulta más penoso y pesado que lo que está en contra de la justicia: ( es decir, el hecho ) de que no se muestre ecuánime en todas las cosas. ¿Cómo ( es ) eso? Si una cosa puede alegrar ( a los hombres ) y otra afligirlos, no son justos; más aún, si son alegres en un momento, lo son en todos; si en un momento están más alegres y en otro menos, eso está mal. Quien ama la justicia, se halla colocado tan firmemente sobre ella, que aquello que ama es su ser; no hay cosa capaz de apartarlo ni se fija en nada más. Dice San Agustín: «Donde el alma ama, ahí está con más propiedad que allí donde da vida». Nuestra palabra ( de la Sagrada Escritura ) suena modesta y comprensible para todos; y, sin embargo, difícilmente hay alguien que comprenda su significado; y no obstante, es verdad. Quien comprenda la doctrina de la justicia y del justo, comprenderá todo cuanto digo.