Orígenes
Excertos de Antonio Orbe, Parábolas Evangélicas em São Irineu
En la serie de comentarios a Mateo se detiene una vez el Alejandrino a declarar la semejanza de la higuera (Mt 24,32ss). Ofrece dos símbolos de la higuera. Primeramente uno cósmico, universal.
La higuera representa el mundo. El ramaje tierno, la Iglesia, con solas hojas mientras no llegue el verano, con frutos al tiempo de la consumación.
«Puede también entenderse». Orígenes ofrece en apariencia este nuevo simbolismo, como secundario, fundándose en la misma higuera. En realidad no es así. Para el primero se basa en la de Mt 24,32. Para el último, en la de Mc 11,14 (Mt 21,19).
La higuera, esta vez, significa el pueblo de la circuncisión. Mucho aparato de hojas, sin fruto. Sola apariencia, sin verdadera vida. En llegando el Salvador, único principio de vida, no le reconoció por fruto suyo y arideció. La presencia misma de Cristo bastó para descubrir la esterilidad del árbol.
El artificio de Orígenes salta a la vista. Para el simbolismo benévolo, que promete buenos frutos en el verano próximo con la venida de Cristo, se vale de la brevísima parábola de Mt 24,32 («A ficu autem discite parabolam. Quando enim iam ramus eius factus fuerit tener, et folia producit, scitote quia prope est aestas»).
Para el segundo, de maldición, de la escena de Mc 11,12-14 (Mt 21,18s).
Podrá ser curioso el contraste de ambas higueras (resp. símbolos). Todavía lo es más la relación íntima entre la higuera de Mt 24,32 con su simbolismo benévolo y la de Lc 13,6-9: significan lo mismo. De la contraposición entre Mt 24,32 y Mt 21,18s (= Mc 11,12-14) pasa, sin previo aviso, a la oposición entre Mt 21,18s y Lc 13,6-9, dando por supuesta la identidad de la higuera de Mt 24,32 y Lc 13,6-9.
Remitiendo al simbolismo primero (de Mt 24,32) para explicar la parábola de la higuera infructuosa (de Lc 13,6ss), adopta Orígenes implícitamente el mismo alcance universal y optimista. La higuera (= el mundo), hasta ahora infructuosa, anuncia a partir de la venida (primera) de Cristo, con el ramaje tierno (= la Iglesia), frutos abundantes para el verano (= advenimiento glorioso, segunda venida).
El Alejandrino ha dejado caer elementos para la exégesis de Lc 13,6-9. El viñador lucano no se había ocupado en cuidar a la higuera («nullam habuerat adhibitam sibi diligentiam a suo fossore»), de donde su esterilidad. El mundo, la Iglesia — cada uno de los que se salvan — , ocultaba durante el invierno el dinamismo (interior), vital. Era menester la inspiración de Cristo — aquí entraría quizás el simbolismo del estiércol (= humanidad de Cristo) — como Hijo de Dios hecho hombre, para ablandarse, sacar ramos tiernos y fructificar de lleno el verano, en la segunda venida del Señor.
Orígenes cambia aspectos de una exégesis a otra (de Lc 13,6-9), pero mantiene su coherencia. Jamás la higuera infructuosa de la parábola lucana simboliza a Israel (resp. la sinagoga), como le simboliza, en cambio, la higuera maldita (de Mt 21,18s; Mc 11,12-14). Representa, en cambio, al mundo, o bien a la Iglesia del mundo llamada a la salud. El tránsito del árbol (= mundo) a la rama (= Iglesia) no le preocupa. La Iglesia de los escogidos constituye la rama (mejor) del árbol. Así como la gnosis (resp. la salud), el fruto (perfecto) de la higuera.
Agostinho de Hipona
Excertos de "Obras Apologéticas