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id da página: 10134 ALGAZEL DEUS É A VERDADEIRA LUZ

INTELECTO LUZ

— En quinto término, el ojo ve solamente algunos seres, ya que es incapaz de percibir las realidades intangibles y muchas de las realidades sensibles. No percibe ni los sonidos, ni los olores, ni los sabores, ni el calor ni el frío. El ojo tampoco percibe las mismas facultades de percepción, tacto, vista, olor, gusto, y mucho menos los estados interiores y psicológicos, como la alegría y la felicidad, la aflicción y la pena, la pasión y el deseo, o la fuerza y la voluntad de conocimiento entre todas las cosas que existen y que son incalculables e innombrables. Su dominio, entonces, se ve estrictamente restringido a su campo de acción que es muy reducido, pues no puede ir más allá de los colores y de las formas, lo cual constituye lo más elemental de los seres. En la escala de los seres, los cuerpos son lo más humilde ; y entre los accidentes de los cuerpos, los colores y las formas se sitúan en el nivel inferior. El dominio del intelecto se extiende a todos los seres, tanto a los que se pueden nombrar como a la multitud innombrable constituida por la inmensa mayoría de los otros seres. Se inmiscuye entre ellos, llevando sobre cada uno un juicio seguro y verdadero. La naturaleza secreta de las cosas son transparentes para él, y sus esencias ocultas le resultan evidentes.

¿Cómo podría, entonces, rivalizar el ojo externo con el intelecto y disputarle el título de "luz"? ¡Esto no es posible! Pues él es luz solamente en relación con las otras cosas, pero en relación al intelecto es sólo tinieblas. Más exactamente, el ojo es apenas uno de sus informantes, encargado de ejercer una función inferior referida a los colores y a las formas, sobre los cuales aporta al intelecto los datos a partir de los cuales este último decidirá según su perspicacia y su juicio sin apelación. Los cinco sentidos son los observadores del intelecto. Pero en el interior hay otros, como la imaginación (khayal), la facultad estimativa (vahm), la facultad gogitiva (fikr), la facultad de recordar (dhikr) y la memoria (hifzh). Detrás de estos observadores hay servidores y defensores que le están sometidos en función de su mundo. Se sirve de ellos y los trata según su criterio, mejor aún que un rey a sus esclavos. Sería demasiado extenso desarrollar este tema, sobre él hemos hablado en los capítulos de "las maravillas del corazón" en nuestro "Ihya".