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Mistérios de Mitra


René Guénon
Esoterismo de Dante
Este símbolo de la escala parece ser de origen caldeo y haber sido aportado a Occidente con los misterios de Mithra: tenía entonces siete escalones de los que cada uno estaba formado de un metal diferente, según la correspondencia de los metales con los planetas; por otra parte, se sabe que, en el simbolismo bíblico, se encuentra igualmente la escala de Jacob, que, al unir la tierra a los cielos, presenta una significación idéntica. (NOTA: No carece de interés anotar todavía que San Pedro Damiano, con quien Dante conversa en el cielo de Saturno, figura en la lista — en gran parte legendaria — de los Imperatores Rosae-Crucis dada en el Clypeum Veritatis de Irenaeus Agnostus, 1618).

Símbolos da Ciência Sagrada
Por eso, sobre todo cuando la escala se emplea como elemento de ciertos ritos iniciáticos, sus peldaños se consideran expresamente como representación de los diversos cielos, es decir, de los estados superiores del ser; así, especialmente, en los misterios de Mithra, la escala tenía siete peldaños puestos en relación con los siete planetas, y, según se dice, hechos de los metales correspondientes respectivamente a aquellos; el recorrido de tales peldaños figuraba el de otros tantos grados sucesivos de iniciación.

La tesis de René Guénon sobre los orígenes del cristianismo
Este dios iraní inicia su carrera en el mundo romano en el primer siglo antes de J.C.

Luz emanada del cielo, nace de una roca, de una piedra regeneradora. Sólo unos pastores asisten al milagro y vienen a adorar al niño divino ofreciéndole las primicias de su rebaño. Se podría pensar que la figura de los Reyes Magos que encontramos en el Cristianismo es un reconocimiento sino de filiación, al menos de primazgo lejano con la religión iraní de los Magos.

El culto se celebraba en un santuario que tenía forma de cueva (spelaeum); se conmemoraba el nacimiento de Mitra el 25 de diciembre y las iniciaciones se realizaban en primavera «en la época pascual en la que los Cristianos admitían también los catecúmenos al bautismo» (Franz Cumont, Mistérios de Mitra).

Rápidamente las dos religiones compitieron; su difusión se hizo al mismo ritmo en todo el imperio romano durante los tres primeros siglos.

«La lucha entre las dos religiones rivales fue tanto más pertinaz cuanto que sus caracteres eran semejantes. Asimismo, sus adeptos formaban conventículos secretos, estrechamente unidos, cuyos miembros se otorgaban el nombre de "Hermanos". Los ritos que practicaban ofrecían numerosas analogías : los sectarios del rey persa, al igual que los cristianos, se purificaban por un bautismo, recibían como en una confirmación la fuerza de combatir los espíritus del mal y esperaban de una comunión, la salvación del alma y del cuerpo. También como ellos, santificaban el domingo y festejaban el nacimiento del Sol el 25 de diciembre, el día en que se celebraba la Navidad, al menos desde el siglo IV. Predicaban también una moral imperativa, consideraban meritorio el ascetismo y contaban entre las virtudes principales la abstinencia y la continencia, la renuncia y el dominio sobre uno mismo. Sus concepciones del mundo y del destino del hombre eran similares : unos y otros admitían la existencia de un cielo de los bienaventurados situado en las regiones superiores y de un infierno poblado de demonios, contenido en las profundidades de la tierra; situaban en los orígenes de la historia un diluvio; la fuente de sus tradiciones era una primitiva revelación; por último, también creían en la inmortalidad del alma, en el juicio final y en la resurrección de los muertos en la conflagración final del universo.

Hemos visto cómo la teología de los misterios hacía del Mitra "mediador" el equivalente del Logos alejandrino. Como él, Cristo era el Mesites, el intermediario entre su Padre celeste y los hombres, y, como él, también formaba parte de una trinidad. Estas similitudes no eran ciertamente las únicas que la exégesis pagana estableció entre ellos, y la figura del dios tauróctono que se resigna en contra de su voluntad a inmolar a su víctima para crear y rescatar el género humano, había sido seguramente comparada a la imagen del Redentor que se sacrifica para la salvación del mundo (...)

Las similitudes entre las dos iglesias enemigas eran tan numerosas que produjeron un impacto considerable ya en la misma antigüedad. Desde el siglo II, los filósofos griegos establecieron entre los misterios persas y el cristianismo un paralelismo más favorable a los primeros. Por su lado, los Apologistas insisten sobre las analogías de las dos religiones y las explican por una falsificación satánica de los ritos más sagrados de su culto. Si las obras polémicas de los partidarios de Mitra existiesen todavía, veríamos sin duda en ellas la misma acusación dirigida a sus adversarios.

Podemos estar satisfechos de zanjar una cuestión que dividía a los contemporáneos de entonces y que siempre será sin duda imposible de resolver. Conocemos poco, por no decir nada, de los dogmas y la liturgia del mazdeísmo romano, así como del desarrollo del cristianismo primitivo para poder determinar cuales fueron las influencias recíprocas que actuaron sobre su evolución simultánea»(Franz Cumont, Mistérios de Mitra).

Es imposible, en el marco de este artículo, entrar en los detalles de los siete grados de iniciación y del secreto que rodeaba una doctrina progresivamente revelada. Remitimos al lector a la relevante obra de Cumont así como a la de M. Vermaseren titulada Mithra, ce dieu mystérieux, ed. Sequoia, 1960. Retendremos de ello que este culto era sin duda una religión de Misterios con diversos grados de iniciación que se practicaban en secreto y que los cultos paganos ponían al cristianismo naciente al mismo nivel.