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id da página: 2456 Maurice Nicoll TEMPO VIVO Maurice Nicoll

Nicoll Erigena

En cierto sentido nos es fácil admitir que lo visible deriva de lo invisible, pues toda la materia visible está construida de partes cada vez más pequeñas, y finalmente de átomos y electrones que, en si mismos, son bastante invisibles. Sin embargo, los sistemas más antiguos consideraron el universo desde el punto de vista de la posición que en él ocupa el hombre, de su significado con relación a él, de sus posibilidades, etc. Si pensamos que el mundo está únicamente compuesto de electrones y si decimos que únicamente ellos constituyen el mundo 'invisible', no podremos verdaderamente conectar esta opinión con nosotros. Nuestra comprensión no aumenta, ni nos muestra posibilidad alguna. Podremos establecer la opinión de que el átomo es como un pequeño sistema solar en el que los electrones giran en sus órbitas. Aún más; se puede también establecer la opinión de que estas órbitas representan niveles discontinuos de energía, y que los electrones pasan a órbitas mayores por medio de la absorción de cantidades precisas de energía radiante. Y hacia órbitas más pequeñas con la omisión de cantidades precisas de energía radiante. Sin embargo, por el mero hecho de que en semejantes teorías entre una gran dosis de construcción mental, bien podemos pensar que el hombre está estudiando su propia mente. Pues aquello que encontramos en el átomo puede ser un reflejo de nosotros mismos. Si encontramos niveles y si, a la vez, encontramos que nada puede predecirse con certeza en los fenómenos atómicos, bien podría ser que estos 'hechos' se relacionen a la mente misma.

Las opiniones antiguas, como la de Erigena, consideraron siempre que el hombre y el universo eran inseparables. Afirmaban que el hombre era un mundo pequeño, una imagen de un mundo superior. Todo cuanto descubriese acerca de sí, podía aplicarlo al mundo, y todo cuanto descubriese acerca del mundo tenia una aplicación en si mismo. El hombre es el microcosmo en el macrocosmo.

Semejante punto de vista nos permite decir que, desde cierto ángulo, todo hombre es el centro del universo. Contemplemos, por un. momento, esta idea, que estudiaremos más adelante. Algunas veces el mundo nos produce una impresión sobrecogedora, y esto quizás si sea especialmente cierto hoy en día cuando todo se encuentra anormalmente unido debido á los últimos descubrimientos en la electro-dinámica. Podemos oírnos los unos a los otros a distancias enormes. Esta velocidad de las energías radiantes con las que nos ponemos en contacto instantáneo con todos los puntos del mundo, es algo verdaderamente inconmensurable con el hombre, o sea que está fuera de toda proporción con respecto a las proporciones del hombre. Por así decirlo, el hombre está viviendo en un mundo que no le pertenece. Y así siente la pérdida de la individualidad y localidad. Se encuentra sobrecogido y emocionalmente está aletargado, perdido en medio del clamor de las cosas externas. Sin embargo, cada uno de nosotros está en el centro del mundo, pues cada cual ve el mundo y todo cuanto en el mundo hay.