Hablaremos ahora de la consideración interna, en relación con las emociones innecesarias. La consideración interna tiene su origen en el Centro Emocional en este sentido — a saber, que tras ella hay siempre un sentimiento, una emoción. Emplea el Centro Intelectual en interminables palabras, en charla interna y en escribir patéticas cartas que nunca o casi nunca se envían, pero tiene su raíz en un sentimiento, una emoción. ¿Cuál es la emoción que origina la consideración interna? Nos referiremos a ella gentilmente, porque todos nosotros, por más importantes o valientes o endurecidos que imaginemos ser, esta emoción, este sentimiento moran en lo hondo de nuestra persona — a no ser que, por milagro, el amor a Dios haya penetrado en nuestro corazón y nos haya hecho comprender que la Tierra es un lugar de prueba, y que no hay ser humano capaz de comprendernos. Tomemos como ejemplo a la persona que siente que no debería llover el día de su cumpleaños. Llueve a mares. Reflexiona. Se siente triste. Le parece que no la aprecian, que no la tratan con justicia, que no la entienden. Esperaba con tanta impaciencia ese día. Esto, en el Trabajo, es llamado consideración interna. Como dije, es en realidad una emoción, un sentimiento, aunque se emplee el Centro Intelectual para darle voz en millones de palabras, que se dicen o no. Dicha persona pone buen semblante y dice que no le importa. Sí — pero en su fuero interno el sentimiento, la emoción prosiguen, y muchas otras emociones similares producidas de experiencias similares proveniente de un lejano pasado forman un núcleo en el Centro Emocional, desde el cual muchas otras formas de consideración interna se ramifican — , por ejemplo, se pierde el ómnibus y siempre sucede así, o se quiere visitar a la novia y ésta dice que tiene que salir para ver a su tía, o se quería ver una pieza de teatro y nuestros amigos nos llevan a ver otra, etc. Nadie, desde luego, presta atención a nuestras necesidades. Hablo en forma trivial a propósito, porque el tema de la consideración interna es muy profundo y un asunto serio — porque de algún modo la vida nos es ajena — . En verdad, es tan profundo y serio que todo el alcance y el poder de la enseñanza esotérica a lo largo de las edades, incluso toda la fuerza de la enseñanza latente en las parábolas de los Evangelios — tal como la de "El Hijo Pródigo" — no fueron capaces de curar a la Humanidad. Por cierto, la Humanidad, a no ser que despierte del sueño y llegue al nivel del Hombre Consciente, nunca podrá curarse. Pero el hombre, la mujer, pueden curarse — mediante un arduo trabajo sobre sí. COMENTARIOS VOLUMEN III Great Amwell House, 31 de enero de 1948