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id da página: 2473 Maurice Nicoll TEMPO VIVO Maurice Nicoll

Nicoll William Law

Esta misma noción, la noción de que no estamos despiertos, de que no estamos al nivel de conciencia donde nos sea posible entenderlo todo correctamente, y en el que nos es imposible saber o tener algo real, y en el que tampoco podemos tener dominio ni control sobre nosotros mismos, porque no somos conscientes del punto en el cual seria posible el control; esta noción, digo, se encuentra en todas las enseñanzas platónicas, cristianas y en muchas otras. Pero consideremos cuan difícil, cuan imposible, es que podamos admitir que vivimos dormidos. Esto no puede ser una simple admisión. Uno ha de ir-dándose cuenta de ello gradualmente. Y esta experiencia sólo puede producirse mediante las influencias de los esfuerzos y de las ideas que pertenecen a la ya casi perdida ciencia del despertar.

La idea de este despertar se encuentra en muchas partes del Nuevo Testamento, ('Velad y orad') y deberíamos tratar de captar todo el significado de velar como mantenerse despierto.

Y si a cada paso se nos dice, en los Evangelios, que nos mantengamos despiertos ¿no nos dice también con claridad que estamos dormidos y que el conocimiento de sí mismo es darse cuenta de que se está dormido? Heráclito dijo: 'Yo me busqué a mí mismo'. La doctrina del propio conocimiento, escrita sobre el pórtico de Delfos, no es lo que imaginamos. Podemos buscarnos a nosotros mismos únicamente al damos cuenta de que no tenemos un ser. Únicamente a través de un vislumbre de la verdad puede uno entender lo que es la ignorancia y la falsedad. Pero esta clase de conocimiento propio nos elude Sócrates descubrió que el primer paso en el propio conocimiento, consiste en darse cuenta de que no conocemos y que, en verdad y de hecho, no sabemos nada. Pretendemos saberlo todo. Al darnos cuenta de nuestra ignorancia, al captar un vislumbre de nuestra pretensión, al cesar nuestra ciega creencia en las opiniones, las frases hechas, las palabras, comenzamos a conocernos a nosotros mismos, o sea que comenzamos a salir de nuestro sueño. Nuestra conciencia empieza a acrecentarse justamente en aquello que quizás nos parezca una dirección que nos lleva a un resultado opuesto. Pero cuando uno sabe que nada sabe es cuando más consciente está. De este modo uno al menos deviene el instrumento del despertar. Mientras más nos mentimos a nosotros mismos, más dormidos estamos. Consideremos el poder que la mentira tiene hoy en día, y la creciente falta de resistencia que encuentra y de lo cual deriva el creciente sueño del mundo.

El hombre ha caído en el sueño de la materia, y en el tiempo, y en sí mismo. Pero tomemos nota de cómo se dice esto en la gran alegoría de la creación. La serpiente tienta al hombre, la serpiente que se arrastra sobre el polvo. Ahí donde nuestros pies tocan la tierra, ahí comienza el dominio de los sentidos. Aquí es una criatura de los sentidos, su mente es sensual. Aquí se encuentra su sabiduría de los sentidos. Matar al enemigo es la sabiduría de los sentidos, pues entonces el enemigo desaparece. Los sentidos ya no registran su existencia. Toda la inteligencia del materialismo entra en esto, en hacer que el hombre crea que sabe. Y aun cuando cada objeto sensible es un misterio, y los sentidos mismos son misterios, el hombre siente que puede asir el mundo sensible, no tan sólo para disfrutar de él a su antojo, sino para moldearlo a su gusto. Es en este sentido que come del fruto del árbol del bien y del mal. Es él quien determina el mal y el bien, y es él quien decide lo que va a hacer. Este paso necesariamente le conduce, no a recobrarse sino a la idea de que puede gobernar. Se considera mucho más sabio que todo el universo. Le parece que puede conquistar todas las cosas aun cuando su debilidad interior, su ignorancia y su falta de control sigan sin cambio alguno. Todo el problema humano continúa siendo el mismo pero permanece oculto tras un bordado de palabras: ¡un estado nuevo una buena humanidad, un paraíso de descubrimientos materiales!

¿Pero quién va a comenzar partiendo de sí mismo a fin de adecuarse a un posible paraíso? ¿Y cómo hacerlo?

¿Qué es lo que va a levantar lo sensual? ¿Quién va a reinterpretar la ciencia y a colocarla en su lugar? Nada que se encuentre en su verdadero lugar está mal, si es que conserva su verdadero lugar. La humanidad puede verse arrastrada hacia abajo por un hartazgo de crecientes interpretaciones sensuales que ni encubre los hechos, ni proporciona el verdadero medio de presentarlos. Toda persona lleva en sí muchas más funciones, más capacidades, más aspectos de los que puede ver satisfechos mediante el materialismo. Es que la serpiente tiene que ser levantada, y tiene que ser levantada en el desierto. ¿Quién la ha de levantar? ¿Cuál será, la chispa que encienda las maravillas de la ciencia y las transforme en las maravillas del universo? ¿Puede la ciencia dejar de verse animada por el espíritu latente de hostilidad y crear, en el hombre, libre sentido de maravilla y asombro, en lugar del espíritu de negaciones?