Volviendo a Law, sea cual fuere nuestra particular compresión de sus palabras, es evidente que considera que nuestro grado ordinario de conciencia es algo comparable a un estado do sueño, y toda nuestra vida, toda nuestra carrera, profesión, todas nuestras acciones, pensamientos, etc., son como sueños. Vivimos en una especie de sueño del cual no es posible despertar. Y, es preciso que advirtamos nuevamente este punto, el despertar de este sueño está conectado a otro sentido del tiempo.
Si entonces estamos dispuestos a admitir la posibilidad de que hay un nivel superior de conciencia, o un grado de experiencia inherente a nuestra naturaleza, debemos suponer que hay otro entendimiento del tiempo conectado a ella. Es sumamente difícil advertir lo que se significa con esto. Por el momento, digamos que nuestro actual nivel de conciencia —que Law tan enfáticamente califica de sueño y que, por consiguiente, es irreal con relación a un orden superior— está sujeto a nuestra experiencia del tiempo. Mejor dicho, está aunado a nuestra noción del tiempo y a todas las deducciones y conclusiones que obtenemos al tomar el tiempo por lo que aparenta ser. Supongamos que al nivel de nuestro estado ordinario de conciencia todos nuestros pensamientos y todos nuestros sentimientos, que toda nuestra comprensión, en general, fuese arreglada de un modo que fuera común a todos. Y supongamos que este arreglo se deba en gran parte a la apariencia de las cosas, tal cual las condiciona el tiempo. En tanto consideremos el tiempo de un modo pasivo, en tanto que lo consideremos así como nos parece ser a través de los sentidos (como momentos que pasan a la nada), necesariamente habitaremos este nivel, o sea que nuestro nivel ordinario de conciencia está estrechamente aunado a nuestro punto de vista ordinario acerca del tiempo.
De momento no nos aventuremos más allá de la afirmación que la experiencia noética, o sea la experiencia consciente en un nivel superior al de nuestro estado de sueño, se encuentra más allá de la secuencia del tiempo, así nos será posible entender un poco cómo una diferente noción del tiempo puede abrir el camino a la posibilidad de nuevas experiencias. En verdad, deberíamos más bien decir que una percepción interna del significado de otro punto de vista del tiempo, podría producir este resultado. Pero no podemos suponer que viene de un mero pensamiento teórico.
El que nos digan que el tiempo es una ilusión no sirve de nada ni a nosotros, ni a nadie, a menos que se haya ya captado un vislumbre de otra idea del tiempo. Pero uno bien puede darse cuenta de que nuestra conciencia ordinaria está bajo el dominio del tiempo y que gran parte de nuestra ansiedad y de nuestros temores es una cuestión de 'tiempo'.