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id da página: 9609 PANIKKAR SUGESTÃO PARA UMA TEOFÍSICA

Teofisica

b) escatológica — Por sua misma peculiaridad de querer ser una visión global y plena de la realidad sin desconectarla de su mismo fundamento, la Teofísica con todo y valorar positivamente al tiempo no permanece engarzada en él. Ningún ser es completo mientras peregrino e itinerante, ninguna estructura es acabada y por lo tanto ninguna afirmación es definitiva mientras no agote todo el itinerario temporal. Por otra parte, la Teofísica se guardará muy mucho de transcender el tiempo simplemente saltando por encima de él, colocándose inmediatamente en la visión intemporal como si la temporicidad de las cosas fuese un mero accidente de ellas. La visión teofísica no es intemporal, ni mucho menos eterna, sino que es postemporal (holotemporal) y a lo más tempiterna. Esto es, nos da la visión de un ser o de un proceso al final de todo su périplo temporal si esto es posible o, en caso contrario, nos ofrece la constitutiva apertura de un ser que por aún-no-ser (pues el ser está al final) presenta una temporicidad todavía en gestación y desarollo. De ahí la humildad y provisionalidad características de la Teofísica. Queriendo descubrir el máximo de las cosas, pues las escudriña como Dios-creado, se ve obligada a decir el mínimo, ya que esta aventura divina ad extra se está aún desarrollando en el tiempo y en el espacio. La Teofísica no niega que pueda existir un salto fuera del tiempo — propio de la verdadeira mística — pero reconoce que entonces ya no sería más Física y por tanto tampoco Teofísica.

Es algo más por tanto que una visión finalista lo que ofrece la Teofísica, es ante todo una visión temporal cumplida y por tanto escatológica, aunque esta palabra represente aquí un fin de los tiempos que como límite matemático de una serie convergente pertenece aún a la misma serie y no ha saltado ya la barrera del tiempo como tampoco aquella del espacio. El cielo nuevo y la tierra nueva de la Revelación cristiana adquieren para la Teofísica una importancia primordial y su temática no es algo así como un apéndice que se encuentra mal en la Teología clásica y peor en la Ciencia física. Por el contrario, es precisamente el estado definitivo de la materia, como del cuerpo y de las demás "realidades" físicas el que nos mantiene en constante apertura y preparados para cualquier eventualidad mientras las cosas aún-no-son y el tiempo sigue su ritmo. Hasta qué punto sean permitidas extrapolaciones y decir algo de lo que ahora "es" en función de lo que "será" es una tarea delicada e importante de la Teofísica. Un Teilhard de Chardin, por ejemplo, a su manera lo ha intentado.

La muerte y la resurrección son dos categorías fundamentales de esta concepción teofísica del universo. Hasta que un ser, proceso o cualquier factor o dato no ha muerto, no ha cumplido ni su tiempo ni su misión. Por otra parte nada válido se podría decir si no hubiese inmediatamente una dimensión de resurrección aneja a la primera. La Ley de la transformación de la energía y en general los principios de la termodinámica, por ejemplo, adquieren bajo esta perspectiva una luz considerable;