René Guénon: O HOMEM SEU DEVIR SEGUNDO O VEDANTA
La posesión efectiva de los estados de que se trata puede obtenerse por la identificación con los principios que se designan como sus Regentes respectivos, identificación que, en todos los casos, se opera por el conocimiento, a condición de que éste no sea simplemente teórico; la teoría no debe considerarse más que como la preparación, por lo demás indispensable, de la realización correspondiente. Pero, para cada uno de estos principios, considerado en particular y aisladamente, los resultados de una tal identificación no se extienden más allá de su propio dominio, de suerte que la obtención de tales estados, todavía condicionados, no constituye más que una etapa preliminar, una especie de encaminamiento ( en el sentido que hemos precisado más atrás y con las restricciones que conviene aportar a una semejante manera de hablar ) hacia la "Identidad Suprema", meta última alcanzada por el ser en su completa y total universalización, y cuya realización, para aquellos que tienen que cumplir previamente el dêva-yâna, puede diferirse, así como se ha dicho precedentemente, hasta el pralaya, puesto que el paso de cada estado al siguiente no deviene posible más que para el ser que ha obtenido el grado correspondiente de conocimiento efectivo1 .
Por consiguiente, en el caso considerado al presente y que es el de krama-mukti, el ser, hasta el pralaya, puede permanecer en el orden cósmico y no alcanzar la posesión efectiva de estados transcendentes, en la cual consiste propiamente la verdadera realización metafísica; pero por eso no ha obtenido menos desde entonces, y por el hecho mismo de que ha rebasado la Esfera de la Luna ( es decir, porque ha salido de la "corriente de las formas" ), esa "inmortalidad virtual" que hemos definido más atrás. Por eso es por lo que el Centro espiritual que hemos tratado no es todavía más que el centro de un cierto estado o de un cierto grado de existencia, ese al que pertenece el ser en tanto que humano, y al que continúa perteneciendo de una cierta manera, puesto que su total universalización, en modo supraindividual, no está actualmente realizada; y es también por eso por lo que se ha dicho que, en una tal condición, las trabas individuales todavía no pueden ser completamente destruidas. Es muy exactamente en este punto donde se detienen las concepciones que se pueden llamar propiamente religiosas, que se refieren siempre a extensiones de la individualidad humana, de suerte que los estados que permiten alcanzar deben conservar forzosamente alguna relación con el mundo manifestado, incluso cuando le rebasan, y no son esos estados transcendentes a los que no hay otro acceso que por el Conocimiento metafísico puro. Esto puede aplicarse concretamente a los "estados místicos"; y, en lo que concierne a los estados póstumos, entre la "inmortalidad" o la "salvación" entendidas en el sentido religioso ( el único que consideran de ordinario los occidentales ) y la "Liberación", hay precisamente la misma diferencia que entre la realización mística y la realización metafísica cumplida durante la vida terrestre; así pues, en todo rigor, aquí no puede hablarse más que de "inmortalidad virtual" y, como conclusión última, de "reintegración en modo pasivo"; este último término escapa por lo demás al punto de vista religioso tal como se entiende comúnmente, y sin embargo es solo por eso por lo que se justifica el empleo que se hace ahí de la palabra "inmortalidad" en un sentido relativo, y por lo que puede establecerse una suerte de vinculamiento o de paso de este sentido relativo al sentido absoluto y metafísico en el que este mismo término es tomado por los orientales. Por lo demás, todo eso no nos impide admitir que las concepciones religiosas son susceptibles de una transposición por la cual reciben un sentido superior y más profundo, y eso porque este sentido está también en las Escrituras sagradas sobre las que reposan; pero, por una tal transposición, pierden su carácter específicamente religioso, porque este carácter está vinculado a algunas limitaciones, fuera de las cuales se está en el orden metafísico puro. Por otra parte, una doctrina tradicional que, como la doctrina hindú, no se coloca en el punto de vista de las religiones occidentales, por eso no reconoce menos la existencia de los estados que son considerados más especialmente por estas últimas, y ello debe ser así forzosamente, desde que esos estados son efectivamente posibilidades del ser; pero no puede acordarles una importancia igual a la que les dan las doctrinas que no van más allá ( puesto que, si puede decirse así, la perspectiva cambia con el punto de vista ), y, además, debido a que los rebasa, los sitúa en su lugar exacto en la jerarquía total.
NOTAS: