Estatuto da Alegoria
Estas serían las líneas de un comentario a este pasaje. Como se ve, tiene uno que hacerse alegorista para descifrar la alegoría. Pero el texto de Filon es un texto vivo, que no es todavía escolástico, a pesar de todo su aparato, de su código o de su carácter extraño. No se le puede leer de verdad — y él se sentiría dichoso de ello — sin renovar también con él el mismo método que Filon aplica al texto inicial e iniciador, la biblia. Es el pensamiento de un rabino, de un maestro que no enseña más que trabajos prácticos. Pero, molestos o intrigados, volvamos a la alegoría.
Ya está aquí esa palabra irritante de alegoría, cuya eficacia acabamos de saborear en los comienzos de un hermoso libro, La emigración de Abrahán. El problema que nos plantea es el de su estatuto lógico o moral respecto a la verdad de la existencia, a la seriedad de la Escritura. Sin embargo, vivimos de alegorías: ¿no es acaso la nación un gran cuerpo"! El urbanismo, el trazado de las carreteras, el montón de organismos y de instituciones no tendrían seguramente nombre ni existencia sin esta ficción. Las oposiciones verbales pueden decidir de todo un movimiento: si alguien reivindica unos derechos, automáticamente se le citan sus deberes, pero este balanceo tan fácil y quizás tan eficaz, ¿responde acaso a lo real? Organizamos la existencia más material sobre unos modelos inconscientes que deben mucho a un sistema alegórico de traducciones y de redundancias; el psicoanálisis explota esta inmensa alegoría; la misma ciencia no es en primer lugar una observación neutra de lo real, sino la transmisión de unos modelos que se van sustituyendo y ajustando progresivamente y cuya cohesión se encuentra ante todo en el espíritu. ¿Y qué relación hay entre el bautismo y el mar Rojo o la lanzada que abrió el pecho de Jesús?
También Filon parece como si redujera toda la historia por ejemplo a un perfil inmanente e individual. Ignora el mesianismo y el nacionalismo de sus primos de Palestina. Como si se tratara de una burbuja cerrada y redonda, todo o casi todo viene a reflejarse en las aventuras del patriarca: las reglas del matrimonio, la geometría o la historia natural... Sin embargo, admitir eso sería ya dominar ese estilo, tautológico y pintoresco para esos geómetras, juristas e historiadores que somos todos nosotros. El comentario del Génesis se parece a una biblia en imágenes. La alegoría recoge en un mundo estrecho toda una serie de datos acumulados en una escena o en una fórmula. También la piedra limitada de un capitel se presta a la exhibición simultánea y por tanto intuitivamente elocuente de una escena determinada, como la del sacrificio de Abrahán o la expulsión del paraíso o el asesinato de Abel por Caín: a costa de forzar los ángulos, de imponer contorsiones a las figuras, de limitar espacios, de poner signos abstractos (un árbol designa a un bosque: tres líneas onduladas, un río)1 , todo cabe en aquel rectángulo duro, que obliga a pensar, cuando allí lo único que hay que hacer es mirar. Pero, también paradójicamente es el universo de los capiteles (un universo que sigue siendo teórico, evidentemente) el que da su sentido a tal capitel. La alegoría condensa las cosas, lo mismo que la piedra. Es un arte, y un arte ambicioso. Más todavía: es un estudio que mira hacia lo estético y lo toma como un rodeo para acercarse a la verdad. Después de indicar unas cuantas claves de este sistema, volveremos sobre este principio de totalidad, por ver si es el que dirige la alegoría.
NOTAS: