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id da página: 7303 Exegese Ex 12,42

Exegese Ex 12,42

Jacques Cazeaux — Fílon de Alexandria

Exemplo de Exegese (Ex 12,42)

El traductor-comentarista llega al texto del Ex 12, 42: «Esta noche en que veló el Señor para sacarlos de Egipto ha de ser noche de vela para los hijos de israel por todas las generaciones».

Es la noche reservada y preparada para la liberación ante el eterno, cuando la salida de los hijos de Israel, liberados de la tierra de Egipto. Pues bien, hay cuatro noches inscritas en el libro de los Memoriales.

La primera noche fue aquélla en la que el eterno se manifestó sobre el mundo para crearlo. El mundo estaba desierto y vacío, y la tiniebla se extendía sobre la faz del abismo. La memrá (o palabra) del eterno era la luz, e iluminaba. Y él la llamó: noche primera.

La segunda noche fue cuando el eterno se manifestó a Abrahán, a los cien años de edad, y a su mujer Sara, de noventa años, para que se cumpliera lo que dice la Escritura: ¿es que Abrahán va a engendrar a los cien años y su mujer Sara va a tener un hijo a los noventa años? ¿No tenía Isaac treinta y siete años cuando fue ofrecido sobre el altar? Los cielos descendieron y bajaron, e Isaac vio sus perfecciones y sus ojos se oscurecieron por causa de sus perfecciones. Y él la llamó: noche segunda.

La tercera noche fue cuando el eterno se manifestó contra los egipcios en medio de la noche; su mano mataba a los primogénitos de los egipcios y su diestra protegía a los primogénitos de Israel, para cumplir la palabra de la Escritura: mi primogénito es Israel. Y él la llamó: noche tercera.

La cuarta noche es cuando el mundo llegará a su fin para quedar disuelto; se romperán los yugos de hierro y las generaciones perversas quedarán aniquiladas, y Moisés subirá de en medio del desierto y el rey mesías vendrá desde arriba; uno marchará al frente del rebaño y el otro marchará al frente del rebaño, y su palabra marchará entre los dos, y yo y ellos marcharemos juntos.

Esta es la noche de la pascua para el nombre del eterno: noche reservada para la liberación de todo Israel, a lo largo de las generaciones.


Este pasaje forma un todo y sigue una técnica muy precisa. En primer lugar, todo el desarrollo se relaciona con el texto-madre, el de Ex 12, 42. Más concretamente, debe toda su ocasión a la paradoja de una noche-vela, y el autor del midras escogerá entonces de la Escritura cuatro noches paradójicas — tres, si exceptuamos la de la pascua (la «tercera»), que es el objeto mismo de la reflexión exegética —. La paradoja se inspira siempre en el texto bíblico: ¿por qué Dios llama día al intervalo comprendido entre el atardecer y la mañana, que debería llamarse normalmente «noche»? Esta paradoja del primer capítulo del Génesis nos da el primer paralelismo posible. Segunda noche paradójica: ¿por qué Isaac se quedó ciego, viviente en la noche, cuando fue llevado hasta los cielos por el sacrificio de Abrahán, siendo los cielos la luz perfecta? Esta «noche» merece entrar en la lista de noches misteriosas; no hace más que poner su sello a las paradojas de la edad de Abrahán y de Sara. Acompañada de este modo, la tercera noche, la de la pascua, paradoja de un Dios que vela cuando todo duerme, encuentra su lugar natural en esta serie: el cruel juego de palabras que condena a los primogénitos de Egipto por los de Israel (a costa de una manipulación de la letra del Éxodo, ya que se salvan todos los hijos de Israel, mientras que sólo perecen los primogénitos egipcios) justifica esta actividad nocturna del eterno. Finalmente, simétrica de la creación, la cuarta noche será la de la disolución del mundo, incluida la luna, las estrellas y el sol. Así, pues, ocupando exactamente el lugar que le corresponde, será sólo la palabra del eterno, como al principio, la que servirá entonces de luz, última y primera paradoja.

Como vemos inmediatamente, ha sido el juego entre el alfa y la omega, consideradas simétricamente como semejantes, lo que ha permitido deducir la cuarta noche; ella es la única que supone una proyección en el futuro, mientras que las otras siguen la letra de la historia transcurrida. ¿Se tratará entonces de una invención gratuita? No; ¿acaso la letra de Ex 12. 42 no se refiere a «lo largo de todas las generaciones»?; ese «todas» no es solamente algo indefinido, como si bastase con ir repitiendo de edad en edad el recuerdo de la pascua transformada en vela; el «todas» abarca a las edades, y así nos vemos obligados a dirigirnos hacia el último día, hacia la última noche.

Hemos de añadir que el autor sigue esa idea tan soberbia de que no hay día más que en la noche del mundo (la ceguera de Isaac da un sentido a todas las paradojas del texto sagrado); además, la palabra comienza y acaba la serie, ya que servirá de sol al principio y al final del mundo, primera y cuarta noche, mientras que la historia de Abrahán-Isaac y la de los hebreos saliendo de Egipto se ven relacionadas de forma redundante con la Escritura; hay una especie de envoltura de la Escritura y de la palabra que sirve de base al dogma de la inspiración divina de la letra misma. Finalmente, alegoría por alegoría: si ya no hay ninguna noche histórica después de la tercera, la de la pascua, para un judío, es que se le na pedido que sea perpetuada como una vela para siempre, borrando o encerrando dentro de sí a todas las demás noches, a todas las demás liberaciones.