Gnosticismo
Antonio Orbe: Cristologia Gnóstica
Tertuliano pasa por alto la cristología de Hermógenes. No así Hipólito:
Confiesa, empero, (Hermógenes) que Cristo es Hijo del Dios que todo lo creó. Juntamente profesa que nació de virgen y de espíritu (ek parthenou gegenesthai kai pneumatos), según lo dicen los evangelios, y que, resucitado en cuerpo, después de la pasión apareció a los discípulos...
Hermógenes no era gnóstico ni distinguía entre el Dios sumo y el creador. A pesar de su extraña interpretación de Ps 18,6 10, jamás discutió la índole material del cuerpo de Jesús. Acogió con sencillez el dato al profesar (synomologei) que Cristo nació de virgen y de espíritu (ek parthenou ... kai pneumatos).
¿En qué símbolo se inspiró Hermógenes? Heintzel apunta hacia el viejo romano («Romana antiquior»), que ostentaba el orden inverso: ek pneumatos agiou kai Marias tes parthenon.
Ninguno de los grandes símbolos denuncia el orden atestiguado por Hipólito en su noticia. Mientras algunos atribuyeron a la Virgen y al Espíritu una eficacia similar mediante la partícula ék común a ambos, nadie dio la precedencia a la Virgen (ek parthenou kai pneumatos).
Hipólito indica la vía de solución en el Contra Noetum:
¿Dirá acaso que en el cielo había carne? Hay, pues, una carne: la llevada en don (al cielo) por el Verbo del Padre, la (oficialmente) manifestada (como) perfecto Hijo de Dios, venida de espíritu y de virgen (he ek pneumatos kai parthenou). Está claro, de consiguiente, que El se ofrendó al Padre; mas antes de esto, en el cielo no había carne.
La frase suena robusta: «una carne (procedente) de espíritu y de virgen». Mas todavía no llega a la de Hermógenes. A los pocos capítulos escribe Hipólito:
De éste fue pregonado, mediante la Ley y los Profetas, que había de presentarse al mundo. Al modo, pues, como fue vaticinado, revelóse a sí propio haciéndose presente, hecho hombre nuevo de virgen y de santo espíritu (ek parthenou kai agiou pneumatos kainos anthropos genomenos); teniendo, como Verbo, lo celeste del Padre, y lo terreno como quien toma carne del viejo Adán mediante una virgen (os ek palaiou Adam dia parthenou sarkoumenos).
De nuevo la fórmula «de virgen y de espíritu» (ek parthenou kai agiou pneumatos), con precedencia de la Virgen. A Hipólito le gusta la forma sobria, sin miramientos al orden. A la misma vuelve en De benedictionibus Mosis 10,2. R. H. Connolly cita además otro pasaje con igual fórmula.
A mayor abundamiento, resume Hipólito, en forma de símbolo y sin salir del Elenchos, los errores cristológicos de los judíos.
El presbítero romano debió de conocer un símbolo que profesaba el nacimiento de Jesús «de virgen y de espíritu santo» (ek parthenou kai a. pneumatos).
La prioridad otorgada a la procedencia de virgen atajaba la creencia en la unción del «puro hombre», habido de marido y mujer, en línea ebionítica. Se dibujan en Hipólito tendencias similares a las de San Ignacio Antioqueno. A juzgar por la Refutado, el orden ek parthenou kai a. pneumatos respondía a las controversias con los judíos y docetas, caracterizando, mediante el primer miembro (ek parthenou), la exégesis de Is 7,14 y cortando toda posible salida ebionizante y doceta.
Un símbolo de San Cirilo de Jerusalén lo confirma. He aquí las líneas pertinentes:
Cree (pistene de) que este Hijo unigénito de Dios bajó del cielo a causa de nuestros pecados... y nació de una santa virgen y de santo espíritu (gennetheis ex agias parthenou kai agiou pneumatos). La humanación no tuvo lugar en apariencia o fantasía, sino en verdad. Y tampoco pasando a través de la Virgen como por un canal (osper dia solenos dielthon tes parthenou), sino encarnado realmente de ella (sarkotheis ex autes alethos) — comiendo, como nosotros, en verdad, y bebiendo, igual que nosotros, en veras. Porque, si la humanación fuera fantasmal, fantasmal sería también la salud.
La prioridad del nacimiento de la Virgen se explica frente a adversarios docetas. El símbolo de San Cirilo compendia una larga historia, cuyos exponentes son — aparte Hipólito — el grande Orígenes 1 , Eusebio 2 , el autor del Contra Apollinarem y la fórmula de Paulino de Antioquía, entre los griegos; y Tertuliano (?)3 , San Hilario 4 , Baquiario 5 y Pseudo-Cipriano, entre los latinos.
NOTAS: