Enfermo de Bezata (Jo V, 1-20)
EL MILAGRO EN EL ESTANQUE DE BETHESDA
Este milagro se relata únicamente en el Evangelio de Juan. El lenguaje de este Evangelio posee un carácter emocional. Es un Evangelio sumamente extraño. Es un error el suponer que podemos entenderlo con leerlo una o dos veces. Nadie sabe a ciencia cierta quién es su autor, ni cuándo fue escrito. El retrato de Jesucristo que ofrece este Evangelio es muy diferente del que dan los tres anteriores, los denominados sinópticos. A éstos se les llama sinópticos no porque fueran escritos por testigos presenciales ya que Lucas y Marcos jamás vieron a Cristo; sino porque, en cierto y vago modo, las narraciones históricas ven los hechos "ojo a ojo". Pero al llegar al Evangelio de Juan se hace obvio que su autor no hizo el menor esfuerzo por relatar el ministerio de Cristo en la Tierra como si fuese una narración histórica progresiva. ¿Quién fue este Juan cuyo nombre se ha unido a este Evangelio? ¿Cuándo se publicó? Nadie puede dar una respuesta cierta a estas preguntas. ¿Fue verdaderamente el autor de este Evangelio aquel discípulo Juan que apoyó su cabeza en el regazo de Jesús, el discípulo a quien Jesús amaba? Nuevamente nos hallamos con que es imposible dar una respuesta. Todo el lenguaje de este Evangelio es extraño y en cierto sentido la figura de Jesucristo aparece bajo una extraña luz. También son extraños los contados milagros que en él se relatan, comenzando por la transformación del agua en vino, que no figura en ninguno de los otros Evangelios. En el de Juan, los milagros se relatan con curiosa minuciosidad en el detalle. Entre otras cosas, se caracteriza por el uso del lenguaje numérico, o la numerología.
Comencemos tomando la larga exposición del milagro realizado por Jesús en el estanque de Bethesda. Este milagro, se cita en el Evangelio por Juan, es el tercero que refiere. Le precede el de la transformación del agua en vino y la curación del hijo de un noble de Capernaum.