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id da página: 2469 Maurice Nicoll O HOMEM NOVO Maurice Nicoll

Nicoll Enfermo de Bezata

Enfermo de Bezata (Jo V, 1-20)

EL MILAGRO EN EL ESTANQUE DE BETHESDA

Este milagro se relata únicamente en el Evangelio de Juan. El lenguaje de este Evangelio posee un carácter emocional. Es un Evangelio sumamente extraño. Es un error el suponer que podemos entenderlo con leerlo una o dos veces. Nadie sabe a ciencia cierta quién es su autor, ni cuándo fue escrito. El retrato de Jesucristo que ofrece este Evangelio es muy diferente del que dan los tres anteriores, los denominados sinópticos. A éstos se les llama sinópticos no porque fueran escritos por testigos presenciales ya que Lucas y Marcos jamás vieron a Cristo; sino porque, en cierto y vago modo, las narraciones históricas ven los hechos "ojo a ojo". Pero al llegar al Evangelio de Juan se hace obvio que su autor no hizo el menor esfuerzo por relatar el ministerio de Cristo en la Tierra como si fuese una narración histórica progresiva. ¿Quién fue este Juan cuyo nombre se ha unido a este Evangelio? ¿Cuándo se publicó? Nadie puede dar una respuesta cierta a estas preguntas. ¿Fue verdaderamente el autor de este Evangelio aquel discípulo Juan que apoyó su cabeza en el regazo de Jesús, el discípulo a quien Jesús amaba? Nuevamente nos hallamos con que es imposible dar una respuesta. Todo el lenguaje de este Evangelio es extraño y en cierto sentido la figura de Jesucristo aparece bajo una extraña luz. También son extraños los contados milagros que en él se relatan, comenzando por la transformación del agua en vino, que no figura en ninguno de los otros Evangelios. En el de Juan, los milagros se relatan con curiosa minuciosidad en el detalle. Entre otras cosas, se caracteriza por el uso del lenguaje numérico, o la numerología.

Comencemos tomando la larga exposición del milagro realizado por Jesús en el estanque de Bethesda. Este milagro, se cita en el Evangelio por Juan, es el tercero que refiere. Le precede el de la transformación del agua en vino y la curación del hijo de un noble de Capernaum.

"Después de estas cosas, era un día de fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén a la puerta del ganado un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales. En éstos yacía multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua. Porque un ángel descendía a cierto tiempo al estanque y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que se hallaba enfermo. Como Jesús vio a éste echado y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: «¿Quieres ser sano?» «Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua fuera revuelta; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido.» Dicele Jesús: «.Levántate, toma tu lecho, y anda». Y luego, aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, e {base. Y era sábado aquel día. Entonces los judíos decían a aquel que había sido sanado: «Sábado es, no te es lícito llevar tu lecho». Respondióles: «El que me sanó, él mismo me dijo: toma tu lecho y anda». Preguntáronle entonces: «¿Quién es el que te dijo toma tu lecho y anda?» Y el que había sido sanado no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo y díjole: «He aquí que has sido sanado; no peques más porque no te venga alguna cosa peor». El se fue y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado. Y Jesús les respondió: «Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro». Entonces, por tanto, más procuraban los judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también a su padre llamaba Dios, haciéndole igual a Dios." (Juan V, 1-18.)