Parábola do "filho pródigo"
Se sabe cuan extraordinaria es la enseñanza del Trabajo sobre la Personalidad y la Esencia. Dice que la Personalidad debe formarse ante todo correctamente, y, a menos que ocurra así, la Esencia no puede crecer más allá de cierto límite. La Esencia crece un poco y luego la Personalidad debe formarse a su alrededor. Entonces la Esencia puede crecer a expensas de la Personalidad, es decir, haciendo que la Personalidad sea pasiva. De este modo se ve que el Hombre, si se lo entiende correctamente, es una serie de experimentos sobre sí mismo. Una Personalidad mal formada, en conjunción con una Esencia infantil, es un serio impedimento para un hombre. La idea es que un hombre debe salir de sí mismo a la vida, y, por así decir, regresar nuevamente, movimiento similar al del hijo pródigo. La vida debe actuar plenamente sobre un hombre antes de que la Esencia pueda crecer más allá de su punto natural. Lo extraordinario es que la gente piensa a menudo que la Esencia puede crecer por sí misma. El Trabajo dice que no puede hacerlo. Puede crecer hasta cierto punto cuando es todavía infantil. Y luego se detiene. La Personalidad debe entonces formar el alimento potencial, eventual para la Esencia; al formarse la Personalidad llega a ser activa. Un hombre debe aprender todo lo que se refiere a la vida para la cual nació en esta tierra. Después, si tiene un centro magnético, y si lo desea, será capaz de encontrar los medios para que su desarrollada Personalidad se vuelva pasiva por un largo trabajo interior. Al hacerlo así, alimenta a la Esencia, mediante una lucha interior. De modo que el Trabajo, que es la educación correcta, la segunda educación, empieza por hacer pasiva a la Personalidad mediante la separación interior, la no identificación, el recuerdo de sí, etcétera. COMENTARIOS VOLUMEN I 2 de enero, 1943