Toshihiko Izutsu: EL AGUA DE LA VIDA
Inmediatamente después de afirmar que «Dios es latif», el Corán declara que «Dios es khabir», es decir que Dios tiene información sobre todas las cosas. También este punto tiene un significado muy especial para Ibn Arabi. Si latif es una referencia a la relación de lo Absoluto con las cosas externas que existen en el mundo, khabir remite a la relación de lo Absoluto con lo «interior», con la consciencia de todos aquellos seres que la poseen. Lo Absoluto, en otras palabras, no sólo impregna todas las cosas que existen exteriormente en el mundo, sino que se encuentra en el interior de todos los seres que poseen consciencia y constituye la realidad interna de la actividad de la consciencia.
Lo Absoluto es omnisciente, y Su conocimiento es eterno. Por lo tanto, en este sentido, todo sin excepción es conocido por lo Absoluto en la eternidad. Pero además de este tipo de Conocimiento eterno, lo Absoluto penetra también en el interior de cada uno de los seres dotados de consciencia y conoce las cosas a través de los órganos de cognición propios de esas cosas. Si se considera la cuestión desde la perspectiva opuesta, o sea humana, se advertirá que todas las cosas que el hombre cree ver u oír son en realidad cosas que lo Absoluto que reside en su interior ve y oye a través de sus órganos sensoriales.
Ibn Arabi denomina este último tipo de Conocimiento (a diferencia del Conocimiento «absoluto», ilm mutlaq) Conocimiento «experimental» (ilm dhawqiy o ilm an ikhtibar). Según él, el versículo coránico: «Ciertamente, os pondremos a prueba para saber» (XLVII, 31) se refiere precisamente a este tipo de Conocimiento. De otro modo, carecería totalmente de sentido el que Dios dijera «para saber», ya que Dios lo sabe (por Conocimiento «absoluto») todo desde siempre. El versículo es significativo porque se refiere al Conocimiento «experimental».
Es característico del Conocimiento «experimental», que es evidentemente un fenómeno temporal (hadith), el hecho de que requiera necesariamente un órgano de cognición a través del cual pueda ser alcanzado. Sin embargo, puesto que Dios no tiene órganos, la cognición se opera mediante los órganos de los seres individuales, si bien, como sabemos por el principio de latafa, las cosas que exteriormente aparecen como órganos humanos no son sino diversas formas fenoménicas que adopta lo Absoluto.
El Conocimiento «experimental» está condicionado por las facultades de cognición. Dios lo afirma diciendo de Sí mismo que El es las facultades cognitivas del hombre. De este modo, El dice [en una Tradición]: «Soy su oído», siendo el oído una de las facultades del hombre, «y su vista», siendo la vista otra de las facultades del hombre, «su lengua», siendo la lengua un miembro corporal del hombre, «y sus pies y manos». Y vemos que menciona en esta explicación no sólo las facultades del hombre, sino también los miembros corporales [y se identifica con ellos]. Dado que el hombre, al fin y al cabo, no es sino dichos miembros y facultades, la propia realidad interna de lo que llamamos hombre es [según esta Tradición] lo Absoluto. No obstante, ello no significa que el «siervo» [o sea el hombre] sea el «amo» [o sea Dios]. Todo ello se debe al hecho de que las relaciones en sí son esencialmente distintas unas de otras, pero la [Esencia] a la que se atribuyen no puede distinguirse [o sea dividirse]. Hay una única Esencia en todas las relaciones. Y esa Esencia singular posee diversas relaciones y diferentes atributos.