Fuente: Filon. Obras completas de Filon de Alejandría, en 5 volúmenes traducidos del griego al español por José María Triviño. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1975.) De Opificio Mundi: vol. 1
69. XXIII. Como se ha señalado ya, Moisés dice que después de todas las otras criaturas fue creado el hombre a imagen y semejanza de Dios. (Gén. 1, 26) Y lo dice con toda razón ya que ninguna criatura terrestre es más semejante a Dios que el hombre. Nadie, empero, imagine que la semejanza reside en las características corporales. Ni Dios tiene forma humana, ni el cuerpo humano se asemeja a Dios. El término “imagen” se aplica aquí a la parte rectora del alma, la inteligencia. Y efectivamente, la inteligencia de cada una de las criaturas que sucesivamente han llegado a existir ha sido conformada a imagen de una única inteligencia, aquella Inteligencia del universo, que es como un arquetipo, siendo, en cierto modo, un dios para aquel que la lleva y guarda reverentemente en su espíritu; porque, evidentemente, la inteligencia humana ocupa en el hombre la misma posición que el Gran Soberano ocupa en el mundo todo. Es, en efecto, invisible, mas ella lo ve todo; y siendo imposible de percibir su sustancia, ella aprehende las sustancias de todas las demás cosas. Además, mientras por obra de las artes y las ciencias abre caminos en todas direcciones, anchurosas vías todos ellos, marcha a través de la tierra y el mar investigando la naturaleza de cada una de las cosas.
70. Y en una segunda etapa, después de remontarse como alada criatura y de contemplar el aire y sus cambios, se eleva más aún, hacia el éter 1 y las circulares vías del cielo; y tras deambular mezclada en las danzas que cumplen los planetas y las estrellas fijas según los modos de la música perfecta, siguiendo al amor por la sabiduría que guía sus pasos, dejando atrás toda la sustancia aprehensible por los sentidos, se lanza desde allí en procura de la aprehensible por la inteligencia. Y al contemplar en aquella región las incomparables bellezas que son los modelos y formas ejemplares de las cosas sensibles que había visto aquí, presa de una sobria embriaguez, como los que experimentan el delirio de los Coribantes, 2 siéntese inspirada; y llena de un ansia distinta y de un deseo superior, por el que es conducida hacia la alta esfera de las cosas aprehensibles por la inteligencia, cree ir al encuentro del mismo Gran Rey.
71. Mas, cuando vivamente desea contemplarlo, puros e inmaculados rayos de compacta claridad se derraman como un torrente, de suerte que la mirada de la inteligencia es encandilada por los resplandores. Como no toda imagen corresponde a su modelo y arquetipo, siendo muchas de ellas diferentes, Moisés completa el sentido de la expresión “según la imagen” añadiendo “y semejanza”, para recalcar que se trata de una prolija reproducción de nítida impresión.
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