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id da página: 8326 Opificio Mundi XXVII

Opificio Mundi XXVII


Fuente: Filon. Obras completas de Filon de Alejandría, en 5 volúmenes traducidos del griego al español por José María Triviño. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1975.) De Opificio Mundi: vol. 1

82. XXVII. Baste con lo expuesto en lo que toca a esta segunda causa. Una tercera es la siguiente. Habiendo discurrido Dios establecer una vinculación de íntima y amistosísima armonía entre el principio y el fin de las cosas creadas, hizo que el principio fuera el cielo, y el fin el hombre; el más perfecto el primero entre los seres incorruptibles aprehensibles por los sentidos; el de mayor jerarquía el otro entre los nacidos de la tierra y perecederos, al que con acierto podríamos calificar de cielo en miniatura, que lleva en su propio ser cual sagradas imágenes muchas naturalezas semejantes a los astros, gracias a las artes, las ciencias y a las loables máximas relativas a cada una de las virtudes. Y así, puesto que lo corruptible y lo incorruptible son contrarios entre sí por naturaleza, Dios asignó al principio y al fin lo de mayor jerarquía en uno y otro orden: el cielo, como se dijo, al principio, y el hombre al fin.