Fuente: Filon. Obras completas de Filon de Alejandría, en 5 volúmenes traducidos del griego al español por José María Triviño. (Buenos Aires: Acervo Cultural / Editores, 1975.) De Opificio Mundi: vol. 1
83. XXVIII. Finalmente, se menciona también como explicación una convincente razón, que es la siguiente. Era preciso que el hombre fuera creado en último término, cuando estaban ya creadas todas las cosas, para que apareciendo imprevistamente a último momento ante las demás criaturas animadas, produjese admiración en ellas, por cuanto éstas, al verlo por primera vez, habrían de quedar pasmadas y de rendirle homenaje como a un natural soberano y señor. Resultado de ello fue que todos los animales, al contemplarlo, se tornaron mansos en todas sus especies, y cuantos eran más salvajes por sus naturalezas no bien lo contemplaron por primera vez al punto se convirtieron en los más dóciles, dando muestras de sus implacables furias unos contra otros y comportándose, en cambio, mansamente solo con el hombre.
84. Ésta fue, además, la causa por la que el Padre, al crearlo como criatura animada naturalmente capacitada para gobernar, lo estableció como rey de todas las criaturas sublunares: terrestres, acuáticas y aéreas, no sólo de hecho sino por elección expresa. Y efectivamente, cuantas criaturas mortales existen en los tres elementos: tierra, agua y aire, todas están subordinadas a él, excluidas las del cielo, por cuanto a éstas les ha correspondido una porción más cercana a Dios. La más clara prueba de esa soberanía la proporcionan los hechos que suceden ante nuestra vista. A veces innumerables multitudes de animales son conducidos por un solo hombre común, sin armas ni hierro ni otro medio alguno de defensa, sin más abrigo que una piel, y con sólo un bastón para señalarles el camino y apoyarse durante las marchas cada vez que se siente cansado.
85. Por ejemplo, un pastor, un cabrerizo o un boyero conducen inmensos hatos de ovejas, cabras y bueyes. Y no se trata de hombres de cuerpo robusto o fornido, como para que a causa precisamente de su corpulencia y vigor corporales provoquen abatimiento en quienes los ven. Y tan grandes vigores y poderes de tantos bien pertrechados animales; que, en verdad, poseen los medios de que los dotó la naturaleza para su defensa; se doblegan ante él, como esclavos ante un amo, y hacen lo que les va ordenando. Los toros son atados bajo el yugo para arar la tierra, y abriendo profundos surcos durante todo el día, y a veces también de noche, recorren su largo itinerario guiados por algún labrador. Carneros agobiados bajo el peso de las espesas lanas cuando al llegar la estación primaveral se cubren de vellones, se colocan pacíficamente a una orden del pastor, y echados en tierra se dejan trasquilar sin alterarse, acostumbrados, como están, a entregar su lana, como las ciudades el tributo anual, a su natural soberano.
86. Y hasta el caballo, el más irritable de los animales, fácilmente es controlado por el freno, de modo que no se encabrite y rebele. Y ahuecando su lomo a modo de muy cómodo asiento recibe al jinete y conduciéndolo en lo alto corre con rapidez suma presuroso por llegar y conducir a su amo a los lugares a los que éste tiene prisa por ir. Y el jinete, sentado sobre él sin molestias y con mucho reposo, cumple su itinerario empleando el cuerpo y los pies de otro.