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id da página: 9537 Maurice Nicoll A PARÁBOLA DO SEMEADOR

Sementes Espinhos

SEMENTES ENTRE ESPINHOS

La tercera categoría de la parábola se enuncia de esta suerte:

"Y parte cayó en espinas, y las espinas crecieron y la ahogaron."


Se dice que Cristo la interpretó así:

"Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo (eón, αίων) y el engaño de las riquezas ahogan la palabra y hácese infructuosa."


La versión de Marcos dice, además: "y las codicias que hay en las otras cosas, entrando ahogan la palabra."

La interpretación de Cristo, según Lucas, expresa:

"Éstos son los que oyeron (oír significa entender) mas yéndose son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto."


Esta categoría se refiere a los que entienden y comprenden lo esotérico, pero en que algo anda mal en su parte emocional. La tercera lleva la atención al centro emocional. Las espinas se refieren al aspecto emocional, a los intereses emocionales. Esta idea aparece en otra parte, ahí donde Cristo dice: "Por sus frutos los conoceréis. ¿Cójense uvas de los espinos, o higos de los abrojos?" Los espinos y los abrojos representan la vida emocional. Las malas emociones no pueden dar buen fruto. Ni puede esperarse frutos de las personas cuyos intereses emotivos corrientes se sobreponen al interés emocional y a la valorización necesaria para que la enseñanza esotérica se desarrolle en ellos. El centró magnético no es lo suficientemente fuerte en la parte emocional. La corona de espinas que colocaron en la cabeza de Cristo antes de crucificarlo tiene un significado idéntico. Representa la condición de quienes le crucificaron. Y le crucificaron justamente aquellos que podían comprender, y que estaban siempre distraídos por las intrigas, los celos, las ambiciones de poder, etc. En este caso se llaman espinas y en otras citas, abrojos. A esto corresponde también la idea de las preocupaciones, de la ansiedad y de toda suerte de emociones negativas. La corona de espinas representa la condición emocional de la humanidad en aquellos tiempos. Estaban emocionalmente ahogados por los propios intereses. Y aun cuando muchos de ellos pudiesen entender la enseñanza de Cristo, no le daban cabida en su vida diaria. La 'voluntad' que brota del estado emocional en el hombre, y que cambia según se desarrolla, estaba en tal condición entonces que la enseñanza de Cristo no les podía afectar de una manera real. Es decir, no podía ser lo primero en ellos, no podía ser su principal sentimiento. Pues si no se le puede sentir emocionalmente, el conocimiento no toca el ser. No puede obrar. No tiene ningún poder sobre la persona. Dicho de otro modo, aunque se le sienta hasta cierto punto, no se puede aplicarlo y vivirlo. Hay otros intereses emocionales demasiado fuertes.

Esta es una idea que se expresa en muchas parábolas. Vale decir, la idea de lo que uno más quiere. Son las emociones las que dan su importancia a las cosas; o sea que son las que nos hacen valorizarlas, amarlas, buscarlas. La imagen de la parábola se refiere al hombre demasiado identificado con las cosas del mundo y cuyos principales intereses emocionales tienen que ver con sí mismo; no sólo le hieren y acongojan, sino que le impiden todo desarrollo. Un hombre así tiene centro magnético, pero no fuerte. Le abruman todas las inquietudes y preocupaciones del mundo y todo cuanto el mundo le ofrece. Puede entender, pero no comprende. Está sembrado de tal modo en la vida que nada puede ocurrirle.

Todas las categorías que hemos considerado: el hombre que nada entiende, el que entiende sólo intelectualmente, el que entiende también emocionalmente, pero poco, todas representan más profundamente distintos estados del hombre con relación al esoterismo. Pero hablaremos de esto más adelante.