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id da página: 8698 Watts Hexagramas Alan Watts

Watts Hexagramas

Alan WattsLas Dos Manos de Dios

A diferencia de Heráclito, Lao-Tzu no se quedó solo en su cultura. Su visión del mundo tenía raíces en una tradición mitológica que ya era antigua en su tiempo, una tradición absolutamente básica para los modos chinos de pensar y sentir. Esta tradición está materializada en el I Ching o Libro de las mutaciones . Aunque se ha determinado una antigüedad fabulosa para este clásico, situándolo entre el 2000 y el 1300 a. de C., no hay ninguna prueba clara de su existencia como documento escrito hasta el 400 a. de C., aproximadamente. No obstante, el sistema de simbolismo sobre el cual está basado, es realmente muy antiguo, aunque la obra, tal y como está actualmente, es una compilación de siglos. Generación tras generación de eruditos y pensadores chinos comentaron sobre él y proyectaron en sus formas primarias ideas y significados que son, históricamente, desarrollos bastante posteriores.
Básicamente, el Libro de las mutaciones es una secuencia de 64 símbolos o hexagramas de este tipo:
Cada hexagrama, tal como especifica el propio término, consta de seis líneas que pueden ser discontinuas o continuas, negativas o positivas, y los 64 símbolos constituyen cada combinación posible de los dos tipos de línea en el patrón elegido. Las líneas continuas representan yang , el aspecto masculino o positivo de la naturaleza, y las líneas discontinuas representan yin , el aspecto femenino o negativo. Se dice que estos términos se aplicaron por primera vez a los lados del norte y del sur de las montañas, el primero soleado y el segundo sombreado. Puesto que los dos lados de una montaña son una polaridad inseparable, yin y yang llegaron a significar los polos arquetípicos de la naturaleza: más y menos, fuerte y débil, hombre y mujer, luz y oscuridad, subida y caída. Consecuentemente, la secuencia de 64 combinaciones de ambos, combinados en grupos de seis, se comprende como un epítome simbólico de las situaciones básicas de la vida y la naturaleza. Según la combinación y poder relativo de las fuerzas positivas y negativas, cada hexagrama representa la estructura esquelética fundamental de la disposición de la naturaleza en cualquier momento dado.
Cada hexagrama, además, puede considerarse compuesto de dos trigramas, y las ocho posibles formaciones de trigramas se suelen exponer como los de la figura 3.
Los nombres atribuidos a cada trigrama, cielo, tierra, agua, fuego, etc., representan principios elementales en el esquema cambiante de la naturaleza, y, por lo tanto, un hexagrama que tiene, digamos (tierra) encima de (montaña), señala una situación en que conviene que se oculte la grandeza o el poder, y que los gobernantes y hombres de negocios actúen con modestia.
El uso principal de estos símbolos era para la adivinación, y el texto del libro es un conjunto de oráculos que describen las situaciones representadas y que dan consejos para una acción apropiada. Mientras que hay muchos métodos para consultar el oráculo, el más habitual es hacer divisiones fortuitas de un grupo de cincuenta tallos de milenrama, los cuales se cuentan según un sistema que proporciona el hexagrama correspondiente a la situación actual del interrogador. La suposición estriba en que la división fortuita de los tallos, de hecho, se adecuará al orden del tiempo en el que esté ocurriendo dicha operación, proporcionando un hexagrama que revele el equilibrio y disposición de las fuerzas naturales que están funcionando en ese determinado tiempo y espacio.
La tradición atribuye la invención de los hexagramas al sabio-emperador Fu Hsi, que reinaba a principios de la historia china.
Antiguamente, cuando Fu Hsi había alcanzado el reinado de todos bajo el cielo, miró hacia arriba y contempló las formas expuestas en el cielo (las constelaciones), y miró hacia abajo, contemplando el proceso que se desarrollaba en la tierra. Contempló el modelo de los pájaros y de las bestias, y las propiedades de los varios ambientes y lugares. Muy a mano, en su propio cuerpo, descubrió cosas por considerar, y lo mismo a distancia, en los acontecimientos en general. Así concibió los ocho trigramas, para entrar en relación con las virtudes de los Espíritus Brillantes, y para clasificar las relaciones de diez mil cosas.
El Gran Apéndice del Libro de las mutaciones explica sus principios generales de la siguiente manera:
El cielo está arriba, la tierra está abajo, por lo tanto, el ch’ien (trigrama del cielo) y el k’un (trigrama de la tierra) son fijos. Al igual que alto y bajo están ordenados de esta manera, honorable y humilde tienen sus lugares. El movimiento y el reposo tienen su constancia; según éstos, lo fuerte y lo débil están diferenciados. Los caminos coinciden según su especie y las cosas se adhieren por grupos. De esta manera, la buena fortuna y la mala fortuna, existen. En los cielos aparecen fenómenos; en la tierra se ocasionan formas. A través de esto, el cambio y la transformación se hacen manifiestos. Y lo fuerte y lo débil (líneas en el trigrama) actúan recíprocamente, y los ocho trigramas actúan y reaccionan entre ellos. Las cosas son animadas por el trueno y el relámpago; son fertilizadas por el viento y la lluvia. El sol y la luna dan vueltas en sus trayectorias con una estación de frío y luego una de calor. El camino del ch’ien constituye el macho; el camino del k’un constituye la hembra. El ch’ien conoce el gran comienzo; el kien da a las cosas su conclusión. El ch’ien conoce por medio de lo fácil; el k’un realiza por medio de lo simple…
Entonces, el noble mora seguramente en los emblemas del Libro de las mutaciones y se deleita en estudiar las explicaciones de sus líneas. Cuando el noble está viviendo tranquilamente, observa los emblemas y estudia sus explicaciones, y cuando está a punto de actuar, observa sus cambios y estudia sus pronósticos. Por lo tanto, la ayuda le llega del Cielo: la buena fortuna y nada que no le sea beneficioso…