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id da página: 2411 Maurice Nicoll A FLECHA NO ALVO Maurice Nicoll

Nicoll Um em Muitos


En la versión de Mateo, la parábola de la oveja perdida no aparece en el marco ya tan familiar en que los fariseos censuran la conducta de Jesús. La contextura del tema en este caso tiene que ver con un pequeño, o un niño, a quien no hay que escandalizar. Los discípulos preguntan: '¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?' Jesús llama a un niño y lo pone en medio de ellos y les dice:

"De cierto os digo que si no os volviereis y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que recibiere a tal niño en mi nombre, a mí recibe. Y cualquiera que escandalizare a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en lo profundo de la mar." (Mateo, XVIII, 3/6)


Se produce un cambio de significado con relación a la idea de pequeño. Al comienzo se emplea el término griego paidion ((παιδιον) que efectivamente significa 'niño'. Pero cuando Jesús dice: 'Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí", el término griego cambia a mikros (μικρος), que significa pequeño, chico, como microscópico. Va no se refiere a los niños, sino a quienes han comenzado a seguir a Cristo y ya tienen cierto entendimiento; mejor dicho, a los que han comenzado a entender a través de lo que en ellos es pequeño. Se refiere a aquellos en quienes ha empezado ya el proceso de la metanoia.

Más adelante, y luego de haber dicho que es necesario que vengan escándalos, dice: 'mas ¡ay de aquel hombre por el cual viene el escándalo!', y agrega:

"Mirad no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas y se descarriase una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había descarriado? Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo que más se goza de aquélla, que de las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños." (Mateo, XVIII, 10/14)


De suerte que la oveja perdida es el pequeño. En esta parábola se relaciona a uno que se ha perdido con "la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos." Hada este uno se dirige la voluntad de Dios, o bien es éste el único que puede conectar al hombre con el 'cielo.' 'Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños." Y aunque en este caso no se menciona el 'arrepentimiento', hemos de tener presente lo que ya se ha dicho: 'antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis, igualmente.' Quiere decir que quien no alcanza aquel estada que se llama 'arrepentimiento', la metanoia; perecerá inevitablemente. Pero la Gracia de Dios comienza a obrar sobre quien se "arrepiente", y esto tiene que ver con el hallazgo de lo que se ha perdido o descarriado. Si ahora volvemos a aquel verso del Padre Nuestro: 'Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo', y lo aplicamos nuevamente en su sentido interno, al estado interior del hombre, echaremos de ver que se refiere al 'cielo' en el hombre; mejor dicho, a aquella posibilidad que tiene el hombre de colocarse bajo un nuevo orden de influencias que se definen como la voluntad de Dios. En esta parábola esto se vincula con el hallazgo de lo que el hombre ha perdido, con este uno, y del que expresamente se dice que no es la voluntad del cielo que se pierda.