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vida gloriosa

GLÓRIA — VIDA GLORIOSA


ANTONIO ORBE: CRISTOLOGIA GNÓSTICARESSURREIÇÃO E VIDA GLORIOSA

La vida gloriosa de Jesús ofrece otros interrogantes: en particular, su duración y fin propio. Unos — los ofitas y valentinianos — le dan dieciocho meses, seis más que la vida pública; otros la alargan hasta once y aun doce años. La cifra de dieciocho meses, conjugada con la de doce para la vida pública, se presta a especulaciones: en cotejo con los 30 eones del Pleroma y los treinta años de vida oculta en Nazaret (divididos en grupos de doce y dieciocho). El resucitado consagró aquellos días a enseñanzas privadas, de doctrinas esotéricas, desnudamente expuestas para complemento de su predicación pública. Se comprende no le bastaran los cuarenta días de Act 1,3. Había que fundar tradiciones autónomas, paralelas a la enseñanza pública de los cuatro evangelios. Lo cual reclamaba tiempo.

La doctrina consignada por Jesús a los grandes apóstoles, fundadores de tradición secreta, no hace problema. Basta leer la Pistis Sophia, los dos Libros de Jehú y, sobre todo, las noticias — tanto directas como indirectas — de las familias heterodoxas del siglo II. Todas pretendían venir de labios de Cristo redivivo por conducto de algún discípulo (Pedro, Tomás, Juan, Santiago, Matías...). Ninguna quiso sacrificar las doctrinas de la magna Iglesia, que invocaba — aparte los evangelios — la tradición pública de los apóstoles. El Salvador, lejos de contradecirse, completaba y esclarecía lo que en lenguaje enigmático y parabólico había enseñado antes de la pasión. Ambas paradosis, secreta y pública, corrían paralelas; y, aunque de signo diverso, procedían del Salvador.

La exposición espiritual habría caído en el vacío si previamente Jesús no hubiera «iluminado» a los depositarios de sus confidencias. El Salvador comenzó, pues, por infundirles el Espíritu Santo (masculino) para habilitarles a la gnosis. Dióseles a conocer intuitivamente como Hijo de Dios, forma del Padre. A partir de esa intuición fundamental, les comunicó las enseñanzas particulares en tomo a la economía entera de la salud. Ninguna tradición esotérica se avino a desarrollar doctrinas parciales. Todas pretendían poseer la entera verdad. El Salvador se les había dado a conocer en su persona cabalmente, como gnosis del Padre. El desarrollo de las enseñanzas íntimas daba forma literaria, auténtica, a la revelación del Hijo.

Mucho más que como vida gloriosa de Jesús, era menester a los sectarios su existencia para autenticar las propias tradiciones esotéricas. Nadie tocó el texto canónico. San Pablo, el gran gnóstico, les daba pie para introducir, entre las revelaciones del redivivo, diálogos intencionadamente omitidos.