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Burckhardt Espelho

Titus Burckhardt — INTRODUÇÃO ÀS DOUTRINAS ESOTÉRICAS DO ISLÃ


«La Esencia (al-Dât) — dice Ibn Arabi — no se «revela» más que con la «forma» de la predisposición del ser que recibe esta «revelación»; nunca se produce de otra manera. Desde ese momento, el ser que recibe la «revelación» esencial (Ta?allî dâtî) sólo verá en el espejo divino su propia «forma»; no verá a Dios —es imposible que Lo vea— aunque sepa que no ve su propia «forma» más que en virtud de este espejo divino. Es exactamente análogo a lo que sucede con un espejo material: al contemplar en él las formas, no ves el espejo, aunque sabes que, gracias al espejo, ves esas formas —o tu propia forma—. Dios ha manifestado este fenómeno como símbolo particularmente apropiado para su revelación esencial, para que aquél a quien Dios se revela sepa que no Le ve... Esfuérzate pues en ver el cuerpo del espejo mientras miras la forma que se refleja en él: nunca los verás al mismo tiempo. Esto es tan verdad que algunos, observando esta ley de la reflexión en los espejos (materiales y espirituales), han pretendido que la forma reflejada se interpone entre la mirada del que contempla y el propio espejo; es lo máximo que han llegado a captar en el ámbito del conocimiento intelectual. Pero, en realidad, es como acabamos de decir» —a saber, que la «forma» reflejada no oculta esencialmente el espejo, puesto que éste manifiesta la forma y sabemos, de modo implícito, que sólo la vemos en virtud del espejo. El punto de vista espiritual inherente a este simbolismo es análogo al del Vedanta: La imposibilidad de captar el «espejo» objetivamente al mismo tiempo que contemplamos en él nuestra imagen expresa el carácter inaprensible del «Sujeto» absoluto, Atman, del que todo, comprendido el sujeto individual, no es más que «objetivación» ilusoria. Al igual que la expresión del «Sujeto» divino, el símbolo del espejo evoca una polaridad, en tanto la Esencia está más allá de cualquier dualismo, como el de «sujeto» y «objeto»; pero esto es algo que ningún símbolo podría expresar.

Ibn Arabi continúa: «Si tú saboreas esto (que el ser que contempla nunca ve la propia Esencia, sino su propia «forma» en el espejo de la Esencia), saboreas el límite extremo que la criatura pueda alcanzar; no aspires pues más allá y no fatigues tu alma en superar este grado (de modo «objetivo»), pues no hay por encima de ello, en principio y en definitiva, más que la pura no-existencia... » Lo que no significa que la Esencia no pueda conocerse: «Algunos de entre nosotros ignoran el Conocimiento directo de Dios y citan a este respecto la máxima del Califa Abu Bakr: “Captar que uno es impotente para conocer el conocimiento es un conocimiento”; pero hay entre nosotros alguien que verdaderamente conoce y que no se expresa así porque su conocimiento no implica ninguna impotencia para conocer; implica lo inexpresable» (Ibid., capítulo sobre Set).

Todo lo que acabamos de explicar, el maestro lo resume con estas palabras: «Dios es, pues, el espejo en el que tú mismo te ves, al igual que tú eres Su espejo en el que contempla Sus Nombres; éstos no son otra cosa que El mismo, de modo que la analogía de las relaciones es inversa» (Ibid., capítulo sobre Set).