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id da página: 4521 Clemente de Alexandria Pedagogo Clemente

Clemente de Alexandria Pedagogo

CLEMENTE DE ALEXANDRIA — O PEDAGOGO


DESTAQUES: O RICO TOLO; CRIANÇA

Excertos da introdução de Ângel Castiñera Fernández à tradução de Joan Sariol Díaz, "EL PEDAGOGO"

«La pedagogía es, según se desprende de su mismo nombre, la educación de los niños», dice Clemente. Y algo más adelante: «Consideramos que la pedagogía es la buena conducción de los niños hacia la virtud». De manera análoga a la educación moral pagana, Clemente propone una formación moral cristiana:

La palabra «pedagogía» engloba diversos significados: puede referirse al que es guiado y aprende; al que dirige y enseña; en tercer lugar, a la educación misma; finalmente, a las cosas enseñadas; por ejemplo, los preceptos. La Pedagogía de Dios es la que indica el camino recto de la verdad, con vistas a la contemplación de Dios; es también el modelo de la conducta santa propia de la ciudad eterna.


Como formador moral del bautizado, la figura del Logos-Pedagogo llamado, sucesivamente, educador, experto, guía de una vida virtuosa, médico y fortalecedor del alma (curador de pasiones), modelo sin defecto, guía infalible y certero, persuasivo y no temible, etc., se identifica con Jesús:

«Nuestro Pedagogo: se llama Jesús». «Nuestro Pedagogo... es el Santo Dios, Jesús, el Logos que guía a toda la humanidad; Dios mismo, que ama a los hombres, es nuestro Pedagogo». «Jesús, nuestro Pedagogo, nos ha diseñado el modelo de la verdadera vida, y ha educado al hombre en Cristo».


Esta propuesta de un nuevo «formador moral» o «pedagogo» va dirigida, en el caso de Clemente, tanto contra la antigua Ley educadora de los judíos (la Ley mosaica), como contra la educación moral pagana helenística.

En el judaismo de la diáspora, y más concretamente en el judaismo alejandrino, la vida religiosa era eminentemente una vida práctica, encarnada en el conocimiento y aplicación de la Ley revelada: la Torah. Ésta era transmitida, tanto desde la propia educación familiar, como, y especialmente, desde un sistema de enseñanza colectiva basada en las escuelas rabínicas organizadas en tres grados: la lectura de la Biblia, el estudio de los comentarios jurídico-exegéticos de la Mishna y, por último, el Talmud. Utilizando el texto de S. Pablo en la Epístola a los Gálatas (3, 23-25):

Antes de llegar la fe, estábamos sujetos a la custodia de la Ley (mosaica), a la espera de la fe que había de revelarse. De suerte que la ley fue nuestro Pedagogo para elevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. Mas, llegada ésta, ya no estabamos bajo el (antiguo) Pedagogo.


Clemente concluye:

¿Es que no os dais cuenta de que ya no estamos bajo esta ley, bajo el yugo del temor, sino bajo el Logos de libertad, el (nuevo) Pedagogo?.

En primer lugar, hubo una antigua alianza para el pueblo antiguo; la ley educaba al pueblo con temor, y el Logos era su Ângel. Pero el pueblo nuevo y joven ha recibido una nueva y reciente alianza... El mismo Pedagogo que en otro tiempo dijo: «Temerás al Señor tu Dios», nos exhorta ahora: «Amarás al Señor tu Dios».


Hay, por tanto, una acción continuadora del Logos que comienza en Moisés y los profetas y se desarrolla en toda la historia del pueblo elegido. La noción de una nueva «Pedagogía divina» aplicada a la humanidad que encontramos en la obra de S. Ireneo es, pues, adaptada ahora por Clemente frente a la antigua pedagogía judía.

Sin embargo, la nueva Paideía propuesta por Clemente pretendía ser, sobre todo, una alternativa a 1) las escuelas helenísticas y 2) a la propia paideía griega.

Como constata Marrou, es cierto que los primeros cristianos no crearon una escuela de inspiración religiosa, distinta y rival de la escuela pagana de tipo clásico. Pero, ¿acaso no es cierto también que algunos, como Justino, Clemente, Orígenes o Hipólito de Roma, no cejaron de intentar la creación de una escuela superior de teología cristiana capaz de hacer sombra a la alta cultura filosófica pagana o al propio movimiento gnóstico herético?