Capítulo 7.—Viagem ao mundo
- 1. Pude baixar o Pai?
- 2. Descida por assunção de formas
- 3. Hermes ou Logos
- 4. Sentido da clandestinidade
- 5. O incógnito por semelhança
- 6. Reflexões finais
El viaje a través de los cielos, entre el supremo y la tierra, o viceversa, ha interesado mucho a los críticos del gnosticismo cristiano, incluso hasta la exageración.
En su aplicación al alma fue bonitamente estudiado por W. Bousset, J. Kroll y otros. Es clásico un lugar de los naasenos, inspirado en el Evangelio de los Egipcios:
Algunos críticos abordaron el tema con referencia al viaje del Salvador, del cielo a la tierra, y al revés (Jean Daniélou. Inútil repetir.
Todos, gnósticos y eclesiásticos, arrancaban de una concepción común del universo con siete u ocho cielos. Así el Testamento de los doce patriarcas, la Ascensión de Isaías; probablemente, el Apocalipsis griego de Baruc y el de Sofonías, el autor del Diálogo de Jasón y Papisco (según testimonio de Máximo Confesor), el propio Ireneo, tan poco partidario de la Ogdóada y Hebdómada valentinianas. Orígenes, receloso, en polémica con Celso (Contra Celso VI 21 e 23), para los siete cielos o esferas planetarios por su empleo entre gnósticos, y partidario, más bien, de los tres cielos, mostrábase poco adverso al número septenario en su primera época (De Principiis). Nada se diga de Clemente Alejandrino.
El descenso concebíase, por tanto, a través de los ocho o siete cielos. Pero fuesen ocho o sólo tres, el problema era fundamentalmente igual.
El viaje esconde su filosofía. A ningún sectario se le ocurrió atribuírselo al Padre o Dios supremo. Se lo asignaron siempre al Hijo, al Logos. La razón la explica por su cuenta Orígenes en polémica con Celso.
Celso pone reparos al descenso de Dios a los hombres. Discurre a base de dos premisas igualmente falsas: a) no hay en Dios distinción entre el Padre (que no se hace hombre) y el Logos, hecho hombre. Negado el descenso del Dios ignoto al mundo para hacerse hombre, queda ipso facto denegado cualquier otro descenso divino;
b) la descensión de Dios, o es local (= espacial), o no es. Denegarle a Dios un movimiento local o espacial — «de loco in locum» — , equivale a rehusarle todo descenso.
Orígenes contesta a la segunda dificultad. Responde también, en forma implícita, a la primera. Dios ignora el movimiento local, mas no el virtual. Lo que en esencia no puede personalmente, lo puede mediante el Logos, en quien, como en «lugar divino», se hace presente. Allá donde se deja sentir el Hijo, allá está el Padre.
El Logos, en cuanto tal, no se mueve «localmente». Ni tiene por qué abandonar el seno del Padre para vivir personalmente también en el mundo. Su índole espiritual se lo impide. Al decir los cristianos que el Hijo de Dios bajó a este mundo, quieren decir una cosa muy simple.