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Fenomenologia

FILOSOFIA — FENOMENOLOGIA



VIDE: OBJETO DA FENOMENOLOGIA; FENOMENOLOGIA DA VIDA

Michel Henry: FILOSOFIA DA CARNE

La fenomenología inventada por Husserl a principios de este siglo ha suscitado uno de los movimientos de pensamiento más importantes de este tiempo y, quizá, de todos los tiempos. Las breves notas de esta introducción nos permiten por lo menos saber a condición de qué una filosofía podría servir de vía de acceso a la intelección de estas realidades que son, por un parte, la carne y, por otra, la venida a esta carne, la encarnación — y, especialmente, la Encarnación en sentido cristiano —. A condición de no ser un pensamiento griego. ¿Responde la fenomenología a esta primera condición? En ningún caso. Es por esto por lo que desde este preciso instante se nos hace manifiesto que el recurso a la fenomenología sólo se revelará fecundo si se es capaz de operar la inversión de la propia fenomenología y, al recusar su supuesto más habitual, sustituir una fenomenología del mundo o del Ser por una fenomenología de la Vida.

¿Por qué, al menos, semejante llamada a la fenomenología? ¿Para qué comenzar por una antítesis? Porque, tras el supuesto griego de la fenomenología contemporánea9, se esconde una dificultad mucho más general, que atañe al fin y al cabo a toda filosofía posible. Si la vida invisible se hurta a las captaciones del pensamiento, ¿cómo podríamos entrar en relación con ella, hablar de ella de cualquier modo que pretendamos hacerlo? Las consideraciones precedentes, las que van a seguir, ¿no pertenecen al dominio del pensamiento? ¿Cómo podría escapar de él mismo de suerte que pudiese adecuarse a lo «totalmente otro» que él? La inversión de la fenomenología responderá a esta cuestión al mismo tiempo que nos conducirá al núcleo de las intuiciones del cristianismo.


Henry CorbinImaginação Criadora no Sufismo de Ibn Arabi

Debemos, sin duda, a la fenomenología la posibilidad de considerar la forma en que el hombre experimenta su relación con el mundo sin reducir la cualidad objetiva de los datos a los que son fruto de la percepción sensible, y sin limitar el campo del conocimiento verdadero y significante a las meras operaciones del entendimiento racional. Liberados de lo que habría sido un callejón sin salida, hemos aprendido a recoger y a valorar las intenciones implícitas en todos los actos de la conciencia o de la transconciencia. Afirmar que la Imaginación (o el amor, la simpatía o cualquier otro sentimiento) da a conocer, y da a conocer un «objeto» que le es propio, carece ya de todo matiz paradójico. Sin embargo, una vez admitido el pleno valor noético de la Imaginación, conviene quizá liberar las intenciones imaginativas del paréntesis en que las encierra su pura acepción fenomenológica, para, sin equívoco alguno, poder referir la función imaginativa al esquema del mundo que nos proponen los espirituales a cuya compañía este libro nos invita.