VIDE: CALIFA, CHAKRAVARTI, IBN ARABI
Bernardo de Clairvaux: IN VIGILIA NATIVITATIS DOMINI (sermo III)
La idea, "el hombre — centro de la creación", sensible en la Escritura y aun en la filosofía pagana, sobre todo estoica, se generalizó entre los eclesiásticos.
San Justino, y singularmente Teófilo Antioqueno2 , la destacaron, haciendo del hombre terreno el motivo central de la creación sensible. No entraba en su pensamiento el mundo ideal (o kosmos noetos) ni el hombre intelectivo. La misma espontaneidad con que ideaban un Logos dios, anterior a la creación sensible con formas propias, llevóles a concebir siempre un anthropos material, vinculado al mundo sensible. Para ellos, tanto vale situar al hombre por fin y corona de la creación como definirle en su naturaleza corpórea por centro único de la universal creación.
San Ireneo discurre igual. Sus fórmulas se repiten con relativa frecuencia:
A pesar de su mayor perfección natural — superior a la humana ('sine carne enim angelisunt') — y de su primigenia madurez, pues aparecieron adultos, los propios ángeles eran siervos de Adán. Dios le constituyó al hombre dueño de la tierra y aun de los ángeles, sus servidores.
Aquí se descubre el excepcional puesto asignado por Dios a la imperfecta natura humana, centro de la creación sensible, dueño de la tierra y aun de los propios ángeles no terrenos: por su destino a la maturación en carne 'ad immortalitatem', o simplemente por la Salud.
NOTAS: