René Guénon: SACRAMENTOS INICIÁTICOS
No obstante, hay que considerar todavía un punto particularmente importante, un punto que es quizás sobre todo el que puede prestarse a confusión: el upanayana confiere la cualidad de dwija o «dos veces nacido»; así pues, se le designa expresamente como un «segundo nacimiento», y se sabe que, por otra parte, esta expresión se aplica también en un sentido muy preciso a la iniciación. Es verdad que el bautismo cristiano, muy diferente por lo demás del upanayana en todo otro respecto, es igualmente un «segundo nacimiento», y es muy evidente que este rito no tiene nada de común con una iniciación; pero ¿cómo es posible que el mismo término «técnico» pueda ser aplicado así a la vez en el orden de los samskâras (comprendidos ahí los sacramentos) y en el orden iniciático? La verdad es que el «segundo nacimiento», en sí mismo y en su sentido completamente general, es propiamente una regeneración psíquica (es menester prestar atención, en efecto, a que es al dominio psíquico al que se refiere directamente, y no al dominio espiritual, ya que entonces sería un «tercer nacimiento»); pero esta regeneración puede no tener más que efectos únicamente psíquicos ellos también, es decir, limitados a un orden más o menos especial de posibilidades individuales, o, por el contrario, puede ser el punto de partida de una «realización» de orden superior; es sólo en este último caso donde tendrá un alcance propiamente iniciático, mientras que, en el primero, pertenece al lado más «exterior» de las diversas formas tradicionales, es decir, a aquel en el que todos participan indistintamente1 .
La alusión que acabamos de hacer al bautismo plantea otra cuestión que no carece de interés: este rito, aparte de su carácter de «segundo nacimiento», presenta también, en su forma misma, una semejanza con algunos ritos iniciáticos; por lo demás, se puede destacar que esta forma se vincula a la de los ritos de purificación por los elementos, sobre los cuales volveremos un poco más adelante, ritos que constituyen una categoría muy general y manifiestamente susceptible de aplicación en dominios muy diferentes; pero, no obstante, es posible que en eso haya que considerar otra cosa aún. En efecto, nada hay de sorprendente en que haya ritos exotéricos que se modelen en cierto modo sobre ritos exotéricos o iniciáticos; si, en una sociedad tradicional, los grados de la enseñanza exterior han podido ser calcados de los de una iniciación, así como lo explicaremos más adelante, con mayor razón ha podido tener lugar una parecida «exteriorización» en lo que concierne a un orden superior a éste, aunque sea todavía exotérico, queremos decir, en el caso de los ritos religiosos2 . En todo eso, la jerarquía de las relaciones normales se respeta rigurosamente, ya que, según estas relaciones, las aplicaciones de orden menos elevado o más exterior deben proceder de aquellas que tienen un carácter más principial; por consiguiente, si, para atenernos a estos únicos ejemplos, consideramos cosas tales como el «segundo nacimiento» o como la purificación por los elementos, es su significación iniciática la que es en realidad la primera de todas, y sus demás aplicaciones, deben derivarse de ella más o menos directamente, ya que no podría haber, en ninguna forma tradicional, nada más principial que la iniciación y su dominio propio, y es en ese lado «interior» donde reside verdaderamente el espíritu mismo de toda tradición.
Hay ignorantes que se imaginan que uno «se inicia» a sí mismo, lo que es en cierto modo una contradicción en los términos; olvidan, si es que lo han sabido alguna vez, que la palabra initium significa «entrada» o «comienzo», confunden el hecho mismo de la iniciación, entendida en su sentido estrictamente etimológico, con el trabajo que hay que llevar a cabo ulteriormente para que esa iniciación, de virtual que ha sido primeramente, devenga más o menos plenamente efectiva. Comprendida así, la iniciación es lo que todas las tradiciones concuerdan en designar como el «segundo nacimiento»; y, ¿cómo un ser podría actuar por sí mismo antes de haber nacido? 3
. Sabemos bien lo que se podrá objetar a eso: si el ser está verdaderamente «cualificado», lleva ya en él las posibilidades que se tratan de desarrollar; ¿por qué, si ello es así, no iba a poder realizarlas por su propio esfuerzo, sin ninguna intervención exterior? Eso es, en efecto, una cosa que es permisible considerar teóricamente, a condición de concebirla como el caso de un hombre «dos veces nacido» desde el primer momento de su existencia individual; pero, si en eso no hay imposibilidad de principio, por ello no hay menos una imposibilidad de hecho, en el sentido de que eso es contrario al orden establecido para nuestro mundo, al menos en sus condiciones actuales. No estamos en la época primordial en la que todos los hombres poseían normal y espontáneamente un estado que hoy día está vinculado a un alto grado de iniciación 4
; y por lo demás, a decir verdad, la misma palabra iniciación, en una tal época, no podía tener ningún sentido. Estamos en el Kali-Yuga, es decir, en un tiempo donde el conocimiento espiritual ha devenido oculto, y donde únicamente algunos pueden alcanzarle todavía, provisto que se coloquen en las condiciones requeridas para obtenerle; ahora bien, una de esas condiciones es precisamente ésta de la que hablamos, como otra condición es un esfuerzo del que los hombres de las primeras edades tampoco tenían necesidad alguna, puesto que el desarrollo espiritual se cumplía en ellos tan naturalmente como el desarrollo corporal.
Coomaraswamy Beijo do Sol
Em II Reis 4:16-37, o homem de Deus, Eliseu, levanta ao filho morto da mulher Sunamita, cujo nascimento já havia apadrinhado em um sentido pela anunciação «Tu parirás um filho». A criança foi deitada sobre o próprio leito de Eliseu: «Ele fechou a porta atrás deles dois e suplicou ao Senhor. E subiu e deitou-se sobre a criança, e pôs sua boca sobre sua boca, e seus olhos sobre seus olhos: e estendeu-se sobre a criança: e a criança aqueceu-se… espirrou sete vezes e… abriu seus olhos». Por suposto, no rito do leito de morte indiano é o pai deitado abaixo o que comunica sua vida mortal ao filho: neste outro caso, embora o método seja idêntico, é Eliseu o que comunica uma vida ao moço que jaz debaixo.
O Zohar (Prólogo, Sperling and Simon I.30, 31) assinala que a criança recebeu assim dois «abraços», um de sua mãe e outro de Eliseu, e diz que havendo-se perdido ao morrer os nomes originais da criança, «quando Eliseu o abraçou gravou de novo nele todas aquelas letras… foram gravadas todas pelo sopro de Eliseu na criança, para pôr de novo dentro dele o sopro de vida». O nome de Habacuque, dado à criança por Eliseu nesta ocasião, alude aos dois abraços, e é assim equivalente de «nascido duas vezes».
Hamadani
Beyond Death. Firoozeh Papan-Matin
Ó amigo, aquele mundo é toda vida sobre vida; e este mundo é toda morte entrelaçada com morte. A menos que passes pela morte, não alcançarás a vida: “Mas, por certo, a Morada do Outro Mundo — essa é a vida.” Em outro lugar Ele [Deus, por meio de Jesus] diz: “Aquele que não nascer duas vezes não entrará no Reino dos Céus.” Ele diz: o viajante espiritual deve nascer duas vezes. Deve nascer uma vez de sua mãe, para que possa ver a si mesmo e este mundo perecível. E deve nascer uma vez de si mesmo, para que possa ver Deus e aquele mundo eterno.
Se desejas ouvir isso de modo mais completo, escuta como Deus informa acerca de um povo que diz: “Senhor nosso! Fizeste-nos sem vida duas vezes, e duas vezes nos concedeste a vida!” Mas sabe que há uma morte acima da morte do corpo e compreende que há outra vida além da vida do corpo. Se queres saber mais sobre a vida e a morte místicas, ouve o que Mustafa disse em suas preces: “Ó Deus, estou vivo por Ti e morro por Ti.” Ele diz: Deus, estou vivo por Ti e morro por Ti. Compreendes o que é viver e morrer por Ele?
Ai de nós, este é um estado conhecido por aqueles que contemplam o belo testemunho (shahid bazan) e sabem o que é estar vivo com o testemunho e o que significa estar morto sem ele. O testemunho e o testemunhado revelam o sentido da vida e da morte aos verdadeiros shahid bazan.
‘Ayn al-Qudat aconselha o leitor a não buscar o significado da morte mística na shariah, pois fazê-lo é apegar-se ao hábito; o significado da morte mística deve ser buscado em “navegar na verdade” (haqiqat varzi) ou conceber a verdade por meio da experiência. A morte mística é o batismo da alma nas iluminações de Deus. O Tamhidat compara essa morte com o “segundo nascimento” que é concedido por Cristo. Cita Cristo quando disse: “Aquele que não nascer duas vezes não entrará no Reino dos Céus.”
O profeta Jesus identificou o primeiro nascimento como sendo o nascimento físico neste mundo, para que o homem possa ver a si mesmo neste domínio transitório, que Deus tanto amou a ponto de ter dado a ele “... Seu Filho unigênito, para que todo aquele que n’Ele crê não pereça, mas tenha a vida eterna.” O segundo nascimento é o nascimento a partir de si mesmo, a fim de ver Deus e o mundo do espírito.
Esses nascimentos estão centrados no aspecto corpóreo da existência e na dicotomia entre o corpo e o espírito: a Queda, o pecado, o corpo de Cristo e a salvação. ‘Ayn al-Qudat identifica-se com os ensinamentos de Cristo, mas diferencia a morte mística como a ocupação com a vida no plano espiritual e como o acontecimento que torna possível viver e morrer nos mundos invisíveis.