Según el texto de la mencionada Teleoghinoora y de los datos que más tarde llegué a conocer, pude establecer definitivamente, sin lugar a dudas, que esta sabia sociedad de Akhaldan, originada en el continente de Atlántida y compuesta de seres tricerebrados del planeta Tierra, se constituyó 735 años antes de la segunda perturbación transapalniana.
Fue fundada por iniciativa de un individuo llamado Belcultassi, quien estaba dotado con la facultad de llevar el perfeccionamiento de la parte superior de su ser al Ser de un sacrosanto «Individuo Eterno»; y esta parte superior del mismo, habita ahora en el santo planeta Purgatorio.
Mi esclarecimiento de todos aquellos impulsos eserales, internos y externos, que llevaron al mencionado Belcultassi a fundar aquella admirable sociedad de seres tricerebrados ordinarios -sociedad que en su época fue «envidiada» en todo el Universo por su perfección- demostró que en cierta oportunidad en que dicho santo Individuo Belcultassi se hallaba entregado a la contemplación, según es práctica de todos los seres normales, y se encontraban sus pensamientos, por asociación, concentrados en sí mismos, es decir, en el sentido y objeto de su existencia, supo de pronto que el proceso del funcionamiento de todo su ser no se había desenvuelto hasta entonces en conformidad con lo indicado por la sana lógica.
Esta inesperada comprobación lo conmovió tan profundamente que, desde entonces, se dedicó por completo a reparar a toda costa las omisiones realizadas en su vida previa.
Ante todo, decidió alcanzar sin tardanza alguna, la «potencia» capaz de darle la fuerza necesaria para ser totalmente sincero consigo mismo, es decir, de conquistar y dominar aquellos impulsos que se habían vuelto habituales en el funcionamiento de su presencia común, a raíz de las muchas asociaciones heterogéneas que en él se desarrollaban, y que llegaban a su consciencia por toda suerte de conmociones accidentales provenientes del exterior y generadas también dentro de sí mismo, es decir, los impulsos del «amor propio», del «orgullo», de la «vanidad», etc., etc.
Y cuando después de increíbles esfuerzos «orgánicos» y «psíquicos», según se llaman, logró su objetivo, comenzó, sin consideración alguna hacia estos impulsos eserales que se habían vuelto ya inherentes a su presencia, a pensar y recordar qué impulsos eserales habían hecho presa de su presencia durante el período previo a todo esto, en qué ocasiones habían surgido y la forma en que, consciente o inconscientemente, había reaccionado ante ellos.
Sometiéndose así a este autoanálisis, comenzó a recordar qué impulsos habían provocado determinadas reacciones en sus partes independientemente espiritualizadas, es decir, en su cuerpo, sus sentimientos y sus pensamientos, así también como el estado de su esencia durante las reacciones más o menos intensas a determinados impulsos y la forma y el momento en que, como resultado de estas reacciones, había manifestado la posesión consciente de su «yo», o había actuado automáticamente, siguiendo tan sólo la guía del instinto.
Y fue precisamente entonces cuando el portador del que más tarde habría de ser el santo Individuo Belcultassi, recordando en esta forma todas sus percepciones, experiencias y manifestaciones anteriores, comprobó, sin lugar a dudas, que sus manifestaciones exteriores no correspondían en absoluto ni con las percepciones ni con los impulsos que definidamente se habían formado en su presencia.
Posteriormente comenzó a efectuar nuevas observaciones igualmente sinceras con respecto a las impresiones provenientes del exterior y también de aquellas formadas en el interior de su ser, según eran percibidas por su presencia común.
Y todas ellas las llevó a cabo sometiéndolas regularmente a exhaustivas y conscientes verificaciones con respecto a la forma en que estas impresiones eran percibidas por sus diferentes partes espiritualizadas y cómo y en qué ocasiones eran experimentadas por su presencia total y qué manifestaciones se convertían en impulsos.
Estas exhaustivas observaciones conscientes y estas imparciales comprobaciones, terminaron por convencer a Belcultassi de que algo se había desarrollado en su propia presencia común de forma muy distinta de la aconsejada por la sana lógica del Ser.
Como se desprendió claramente de mis minuciosas investigaciones posteriores, si bien Belcultassi había alcanzado un indudable convencimiento de la precisión de sus observaciones sobre sí mismo, dudaba todavía, sin embargo, de la exactitud de sus propias sensaciones e intelecciones, así como de la normalidad de su propia organización psíquica.
Por lo tanto, se dio a la tarea de establecer, ante todo, si era normal que él interpretara y comprendiera todo esto de la forma en que lo hacía, y no de otra manera.
Para esto, decidió investigar la forma en que ello era interpretado y percibido por los demás. Con este propósito, comenzó a interrogar a sus amigos y familiares a fin de establecer, con su propio testimonio, la forma en que lo interpretaban todos y cómo entendían sus percepciones y manifestaciones pasadas y presentes, si bien, claro está, con toda discreción, a fin de no rozar los impulsos antes mencionados, inherentes a la naturaleza de todos ellos, es decir el «amor propio», el «orgullo», etc., que no son dignos de los seres tricerebrados.
Gracias a estas indagaciones, Belcultassi logró gradualmente obtener una completa sinceridad en sus amigos y en las personas de su conocimiento, resultando de todo ello que todos interpretaban y veían las cosas en sí mismos, exactamente de la misma forma en que él lo hacía.
Ahora bien; entre estos amigos y conocidos de Belcultassi había varios individuos sumamente serios que no eran todavía enteramente esclavos de la acción de las consecuencias de las propiedades del órgano Kundabuffer, quienes, habiendo llegado hasta la médula de la cuestión, se interesaron seriamente en el asunto, comenzando a verificar todo cuanto en ellos sucedía, al tiempo que observaban también las manifestaciones de los seres que los rodeaban. Poco tiempo "después, por iniciativa del mismo Belcultassi, comenzaron a celebrar reuniones periódicas, comunicando sus observaciones y comprobaciones personales.
Tras largas verificaciones, comprobaciones y observaciones imparciales, todo el grupo de seres terrestres se convenció categóricamente, a su vez, al igual que Belcultassi, de que ellos no eran lo que debían ser.
No mucho después, otros muchos individuos unieron sus presencias a aquel grupo de seres terrestres.
Y tiempo más tarde fundaron todos ellos la sociedad conocida con el nombre de «Sociedad de Akhaldanos». El término Akhaldano o Alkhaldan (de las dos maneras puede decirse) entraña el siguiente concepto:
«El esfuerzo por llegar a ser consciente del sentido y el objeto del Ser de los seres.»
Desde la fundación de esta sociedad, Belcultassi pasó a ser su cabeza principal y todas las actividades posteriores emprendidas por los miembros de la misma estuvieron bajo su supervisión general.