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id da página: 4145 Timbre vocal e horário místico

Timbre vocal e horário místico

Marius Schneider — A Origem Musical dos Animais-Símbolos

Timbre vocal e horário místico

Claro es que la elección de los animales varía a través del mundo, no sólo según las condiciones de la geografía zoológica, sino también según los criterios que prevalecen en la determinación de los ritmos característicos, a saber, la voz, el ritmo ambulatorio, el color, la forma o el modo de vivir de cada animal. Al pasar a civilizaciones más altas, por ejemplo en la tradición india, encontraremos una elección de animales muy diferente. Para la mañana se menciona al tigre, para el mediodía y la tarde a la oca, para la noche al pavo real y al kokila (koil, llamado cuclillo de India).

A la exposición de este orden ternario siguen unas indicaciones de gran valor ara la práctica musical. El Rik-prâticâkhya XIII, 10 y 17 menciona 3 sthâna diferentes-mandra, mandhyama y tara (uttama)-es decir, tres timbres vocales o tesituras de voz (baja, media y alta) que los cantores tienen ue observar en los cantos religiosos ateniéndose a este horario místico. Por i mañana se debe cantar con voz de pecho, parecida a la voz del tigre; a mediodía con voz de garganta como la oca, y por la noche con voz de abeza en el estilo del pavo real. De la imitación exacta, es decir, el grado de realismo obtenido en la imitación de estas voces animales, dependía la eficacia de los sacrificios rituales. El himno védico VII, 103, destinado a producir la lluvia, era ineficaz si su recitación no se había efectuado con el timbre de voz adecuada, a saber, croando como las ranas. Originariamente nunca se habla de una melodía o de una sucesión bien determinada de sonidos que tuviese que seguir este canto mágico. Mucho más importante que la línea melódica era la exactitud con la cual se imitaban el timbre de la voz y el ritmo del animal indicado por el horario místico.

Para aclarar más estas prácticas antiguas escritas en la literatura védica es indispensable examinar del modo más minucioso aquellos fenômenos semejantes, aun vivos hoy en día y, por tanto, asequibles a la observación directa.

En efecto, la costumbre de imitar las voces animales permanece aún viva en muchas partes del mundo. Ya hemos mencionado hace poco la significación mística de los animales en la vida espiritual de las culturas primitivas y medias. Es ocioso apuntar que estas ideas arraigan en la cultura pretotemística y que la facultad de imitar voces animales resulta de la observación diaria y meticulosa de la vida animal; pero importa notar que la razón, que dificultaba tanto a las investigaciones científicas comprender estos fenómenos, reside precisamente en la deficiencia de la observación de los animales por parte de los investigadores. Ofrece un caso clásico de incomprensión, por no haber podido observar las costumbres animales, la interpretación del himno védico VII, 103, donde se habla de dos ranas, de las cuales una grita como una vaca y otra como una cabra. Estas ranas no son creaciones de una fantasía desenfrenada. Todos cuantos han observado de cerca las ranas pueden atestiguar que la variación del timbre de la voz en la familia de estos animales es un fenómeno observado con la mayor exactitud.

Hay ranas cuyos gritos en ciertas horas producen el efecto de voces de cabras e incluso de castañuelas, y ya J. Cardús observó en América del Sur una variedad de ranas cuya voz era semejante a la de los becerros. Siendo las ranas símbolo de la tierra fecundada por el agua (debido al hecho de vivir entre ambos elementos), la imitación del ritmo de su voz y de su timbre por el hombre debe ejercer una acción parecida, es decir, atraer la lluvia hacia la tierra.