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id da página: 10221 Trindade Homem

Trindade Homem

Antonio Orbe: ANTROPOLOGIA DE SÃO IRINEU

A tales dos manos se dirigía el Padre en las palabras de Gen 1,26: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza».

Por eso los judíos se alejaron de Dios, al no recibir al Verbo, creyendo poder conocer al Padre sin el Verbo, esto es, sin el Hijo. No sabían que Dios era quien en figura humana había hablado a Abraham, y luego a Moisés, diciendo: «He visto el sufrimiento de mi pueblo en Egipto, y he bajado a liberarlos» (Ex 3,7-8). Esto es lo que el Hijo, que es el Verbo de Dios, había preparado desde el principio; pues el Padre no había necesitado de los ángeles para la creación ni para formar al hombre, por el cual había hecho el mundo; ni necesitó de su ministerio para hacer lo que realizó para llevar a cabo el designio (de salvación) en favor de los hombres; sino tenía ya determinado un misterio rico e inefable. Pues se ha servido, para realizar todas las cosas, de los que son su progenie y su imagen, o sea el Hijo y el Espíritu Santo, el Verbo y la Sabiduría, a quienes sirven y están sujetos todos los ángeles. (Irineu de Lião)


Dios Padre volvióse al Hijo y al Espíritu Santo, como a manos suyas personales; mas no tanto como a consejeros natos.

  • Cf. Epid. 54s: «El mismo profeta dijo aún (Is 9,6: LXX): 'Un hijo nos ha nacido y un niño nos han dado, y recibió por nombre Admirable Consejero, Dios fuerte'. Le llama Admirable Consejero, sea del Padre (sea nuestro). Del Padre, lo significa el hecho de que con El hizo el Padre todas las cosas, según se halla en el primer libro de Moisés, titulado Génesis (1,26): 'Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza'. Aquí visiblemente habla el Padre al Hijo (como a) Admirable Consejero del Padre»... Véase también Iren., III 16,3 y los lugares citados por Froidevaux, Epid., l.c.


El Verbo y la Sabiduría aconsejaron al Padre. Mas eso solo no explica el plural en primera persona. También le aconsejaron en las demás obras de la creación, con arreglo a un texto muy conocido y comentado entre los antiguos eclesiásticos.

Ni se justifica su excepcional asistencia en la plasis de Adán, por la eficacia física instrumental: del Verbo como forma universal de las especies e individuos creados, y del Espíritu Santo (= Sabiduría) como virtud originaria del dinamismo que las armoniza y pone en ejercicio. Tal eficacia no sería exclusiva de la humana plasis. Algo hay en ésta que reclama una singularísima intervención del Hijo y del Espíritu Santo. Indicamos arriba la solución.

Unicamente en el cuerpo humano actúan en plenitud y 'ad aequalitatem' el Verbo, como imagen de Dios, y la Sabiduría (= Espíritu Santo), como semejanza del Padre. Sólo en el plasma modelado por ambas personas divinas, imprimen éstas su propia forma de manera perfecta.

La especie angélica refleja al Verbo, como imagen divina subsistente, sólo en parte; por cuanto recibe de El la forma peculiar a los ángeles. Otro tanto al Espíritu Santo, semejanza divina, sólo parcialmente comunicado a los ángeles, con arreglo a su destino ministerial, en el culto de Dios y en el servicio del hombre.

  • Cf. Epid. 9: «Este mundo hállase rodeado de siete cielos, en los cuales habitan innumerables potencias, ángeles y arcángeles, que aseguran un culto al Dios todopoderoso y creador del universo. No porque tenga necesidad de ellos, sino para que no estén al menos sin trabajo, inútiles e ingratos. Por eso es múltiple la presencia interior del Espíritu Santo, y el profeta Isaías la enumera en siete formas de ministerios, que han descansado en eí Hijo de Dios, a saber, el Verbo en su venida humana»... (Irineu de Lião)


El cuerpo humano recibe, en cambio, del Hijo y del Espíritu Santo en plenitud aquello que personalmente les caracteriza. Y sólo él, a diferencia de todas las demás especies e individuos creados. Su intervención se hace, de consiguiente, necesaria y excepcional.

En el drama de la humana plasis intervinieron las tres divinas personas, cada una con su propia causalidad y con arreglo a sus características personales.

El Padre, anterior a toda forma o perigraphe, dando consistencia a la materia ex qua del futuro cuerpo humano.

El Hijo, forma del informe Padre, o perigraphe personal del incircunscrito Dios, configurando la materia, el limo, según la forma del hombre: le corresponde el cuerpo o carne o plasma de Adán.

El Espíritu Santo, virtud o vida del Hijo, complemento divino personal de la forma personal del Padre, vistiendo de semejanza interna (resp. de virtud divina) el cuerpo de Adán: le toca el individuo viviente, dotado de Espíritu de Dios y destinado a poseerle.