La expresión «el Señor absoluto» utilizada por al'Qâshânî corresponde a la expresión coránica «el Señor de los mundos» (Rabb al'‘âlamîn) y es equivalente a «Señor de los Señores» (Señor al'arbâb) o Allah. De este modo, la afirmación de que, en los casos normales, los Nombres, en su síntesis original, nunca pueden actualizarse en un solo ser, equivale a decir que Allah, como tal, no puede ser el Señor de ningún individuo en particular.
En la última parte de este párrafo, se afirma una intima y recíproca relación entre cada ser individual y su Señor. Huelga decir que cada ser depende esencialmente de su Señor para su existencia. Pero el Señor también depende, en cierto sentido, de la aptitud receptiva (qabiliyya) del ser individual de quien es Señor. El Señor nunca puede ser tal sin alguien a quien «Señorear» (marbûb). lbn Arabi se refiere, en este punto, al siguiente aforismo de Sahl al-Tustari, un famoso teólogo sufí del siglo IX.
Como ya se ha sugerido anteriormente más de una vez, el «Señor», en el pensamiento de Ibn Arabi, es considerado en dos planos diferentes: 1) el «absoluto» (mutlaq) y 2) el «relativo» (idâfî). El Señor, en el plano «absoluto» es Allah, mientras que, en el segundo plano, es el Señor de un ser en particular y la forma actualizada de un Nombre determinado. Desde el punto de vista del concepto en sí de Señor (Rabb), el plano que le corresponde es el «relativo», siendo el Señor en el sentido «absoluto» un caso extremadamente excepcional. Al' Qâshânî explica este hecho de la siguiente manera:
La palabra Señor no es aplicable en el sentido no relativo excepto cuando se refiere al Señor del universo entero. En ese caso, decimos al'Rabb, con artículo definido (sin mencionar el «objeto» del Señorío). Con ello se indica únicamente a Allah. Y a Él pertenece de forma esencial el Señorío en los tres significados distinguidos anteriormente, mientras que, a lo que no es Allah, el Señorío pertenece de forma accidental, ya que «lo que no es Allah» no es sino un lugar en que (el Señorío que pertenece a Allah se manifiesta.
Así, pues, el Señorío es un atributo que pertenece a una sola cosa (o sea Allah) pero aparece en muchas formas (como Señoríos «relativos»). Todo aquél en quien se manifiesta posee un Señorío accidental de acuerdo con el grado hasta el que se le otorgue el poder de libre disposición que puede ejercer sobre sus posesiones, esclavos o hijos.
Vemos así que el «Señor», ya sea «absoluto» o «relativo», requiere esencialmente un objeto sobre el que ejercer su Señorío. En resumen, el Rabb no puede existir sin marbûb. Y eso es válido incluso cuando el Señor en cuestión es Allah. El único que no necesita nada más que a sí mismo es, como sabemos, lo Absoluto en su absolutidad, es decir la Esencia divina.
Lo único que es totalmente libre de cualquier necesidad en el mundo es lo Absoluto en cuanto Esencia. El Señorío no posee esa propiedad.
Así, la Realidad puede ser reducida a dos aspectos: por una parte, lo que es requerido por el Señorío y, por otra, la completa independencia respecto al mundo debidamente reivindicada por la Esencia. Pero (podemos avanzar un paso más y reducir ambos aspectos a uno solo, porque), en realidad y en verdad, el Señorío no es sino la Esencia misma.
De este modo, sabemos que el «Señor» no es sino la Esencia (dzât) considerada como portadora de diversas relaciones (nisab). No debemos olvidar, sin embargo, que dichas relaciones no son entidades reales que subsistan en la Esencia divina. Son sencillamente los puntos de vista subjetivos propios de la mente humana, que, por naturaleza, no es capaz de aproximarse a la Esencia divina sino a través de ellas.
A propósito, hemos visto, en el pasaje citado, que lbn Arabi distingue entre Divinidad (uIûhiyya) y Señorío (rubûhiyya). La Divinidad representa, como observa al'Qâshânî, la «Presencia» o plano ontológico de los Nombres, a saber, de aquellos Nombres que pertenecen a lo Absoluto considerado como Allah. En este plano, lo Absoluto (como Allah) es objeto de veneración, de alabanza, de temor, de miedo, de plegaria y de obediencia por parte de las criaturas. El Señorío es la «Presencia» de las acciones es decir el plano de los Nombres específicamente relacionados con las acciones divinas en lo referente a la administración, el sustento y el control de los asuntos de las criaturas.