Cantam os animais
I. Culturas pretotemísticas y totemísticas
Imitación
En la mayoría de los casos las «leyes» de esta ciencia natural tienen un aspecto antropomórfico. Simpatía y antipatía, calma e ira, nacimiento y muerte, avaricia y largueza, en fin, los valores psicológicos, regulan la sucesión de todos los fenómenos del cosmos. Siendo el cosmos una unidad indisoluble, estas leyes de la Naturaleza no pueden dejar indiferente al ser humano, pues el hombre no sólo forma una parte integral de esa unidad, sino que él solo en la tierra posee la facultad de poder imitar directa o indirectamente un gran número de ritmos ajenos y de ritmos fundamentales de la Naturaleza. Ahora bien, imitar es identificarse, en el mayor grado posible, con el objeto imitado y hasta cierto punto conocer sus leyes íntimas, es decir, dominar el objeto copiado. Por eso tal concepción dinámica del cosmos es forzosamente a la vez filosofía, religión y ciencia aplicada. Con esto se llega a la magia. Si la lluvia cae después que ésta ha oído la voz airada del trueno, basta hacer sonar la voz airada del «roncador» (zumbadera)1
, cuyo sonido es tan parecido al trueno, para poner la lluvia bajo sus órdenes (razonamiento por analogía). El mismo razonamiento se nota en relación con los animales. Para apoderarse de su objeto de caza el cazador puede hacer oír al animal un bramido o la voz quejumbrosa de algún otro animal que ha caído en una trampa (y que podría ser una presa fácil), o el grito de su peor enemigo. Con esto el cazador atrae a su presa, disminuye su prudencia o la asusta.
NOTAS