René Guénon: DIVISAS INICIÁTICAS
Así pues, la luz es en efecto «después de las tinieblas», y eso no sólo desde el punto de vista «macrocósmico», sino igualmente desde el punto de vista «microcósmico» que es el de la iniciación, puesto que, a este respecto, las tinieblas representan el mundo profano, de donde viene el recipiendario, o el estado profano en el que éste se encuentra primero, hasta el momento preciso en que devendrá iniciado al «recibir la luz». Así pues, por la iniciación, el ser pasa de «las tinieblas a la luz», como el mundo, en su origen mismo (y el simbolismo del «nacimiento» es igualmente aplicable en los dos casos), ha pasado por ahí por el acto del Verbo creador y ordenador 1 ; y así la iniciación es verdaderamente, según un carácter por lo demás muy general de los ritos tradicionales, una imagen de «lo que se hizo en el comienzo».