VIDE: Arte Régia
Julius Evola: TRADIÇÃO HERMÉTICA
E esta «via interior», esta «via sacra» que parte da «pedra negra hierática», desta «pedra que não é pedra», mas sim «imagem do cosmos», do «nosso chumbo negro», (sob este ponto de vista, trata-se de vários símbolos do corpo humano), esta via ao longo da qual surgiram Heróis e Deuses, «céus» e «planetas», homens elementares, metálicos e sidéreos, está enigmaticamente encerrada nas siglas VITRIOL, explicadas assim por Basílio Valentim: «Visita Interiora Terrae (Terra = o corpo), Retificando Invenies Occultum Lapidem (percorre as entranhas da terra (do Corpo) e retificando encontrarás a pedra oculta).» Ao longo dessa via, o conhecimento de si mesmo e o conhecimento do mundo intercondicionam-se, até se tornarem em uma só e mesma coisa maravilhosa, verdadeiro objetivo da Grande Obra ou Opera Magna: pois que aqui fora (como em cima assim também em baixo, como no espírito na natureza), tal como no organismo humano, se encontram presentes os Três, os Quatro, os Sete, os Doze; Enxofre, Mercúrio, Sal; Terra, Água, Ar, Fogo; os Planetas; o Zodíaco. «O forno é único — dizem enigmaticamente os Filhos de Hermes — , único o caminho e única também é a Obra.» «Há uma só Natureza e uma só Arte... A operação é única, e fora dela não há nem existem outras verdadeiras.».
"Hay cuatro elementos que constituyen la base de todas las cosas materiales, es decir el fuego, la tierra, el agua y el aire, los que componen todas las cosas terrenales, no por fusión, sino por transmutación y por reagrupamiento y en lo cual todas las cosas se resuelven cuando se corrompen". Tales elementos bosquejan, en la realidad física aparente, particulares experiencias del espíritu que puede hallarse en estado operante y consciente, y puesto que "ninguno de ellos se encuentra en estado de pureza, los mismos son en mayor o menor medida amalgamados entre sí y susceptibles de transmutarse el uno en el otro" (C. Agrippa, "De occulta philosophia", I, 3). Tal obra de transmutación es cumplida por el Fuego -es decir por el espíritu- que actúa sobre la tierra -o sea la materia- para llegar al cumplimiento del perfecto Magisterio, a la conquista de la Piedra de los Sabios.
Se recuerde: "Aurum igitur aurificandi verum, unum solum pincipium esto". El principio de perfectibilidad, de dignificación, de sublimación del espíritu está en el mismo espíritu, que llega a crear en sí, o, si nos gusta más, a determinar las condiciones del ascenso. Pero no se crea que esta operación sea fácil, en particular en su faz inicial, dual, que enseña primero a aislar el espíritu, haciéndolo invulnerable a cualquier influjo de lo externo, hasta que, convertido en perfecto tal estado, el espíritu adquiere el conocimiento de sí con modos perceptivos totalmente nuevos.
La necesidad de una constancia asidua y tenaz ha sido simbolizada por los alquimistas en el "Acero de los Sabios", necesario para la primera operación de la composición del Mercurio, el cual deberá seguidamente actuar sobre los metales, símbolos de las afecciones terrenales, que del estado de su inicial impureza, propia de ellos cuando están en la Tierra mezclados con sustancias extrañas, y cuando son apenas separados de la Tierra hasta que, gradualmente sublimados hasta la última perfección de potencias cósmicas -cielos y planetas-, pueden unirse a la esencia del soberano artífice, hasta identificarse a ella en la perfección de la Obra.