De las pocas palabras registradas del himno mencionado en Elenchos V, 6,5, es posible deducir que por encima del Hombre en sí o celestial, se encuentra el
Padre verdaderamente inefable (=
Divinidad Suprema) y la
Ennoia o Pensamiento del
Padre, aqui denominada elípticamente
Madre, puesto que son sus progenitores. Con tales indicaciones el orden pleromático y superior se ofrece sobreentendido y el
Hombre primordial ocupa en este sistema el lugar del
Primogénito del
Pleroma. Es decir, se trata, gnósticamente, del ejemplar en relación con el mundo que llama, consecuentemente, al hombre a su salvación o perfección y que con su plenitud sostiene el mundo perecedero y del devenir. Pero, lo repetimos, el concepto clave que circula por esta noticia es el del hombre y, por ello, ya sea como macro o microcosmos todo va dirigido por esta noción central. Según lo dicho, por consiguiente, la tricotomía que aqui subyace no tiene que ver con princípios ontológicos, sino que es propiamente humana (espíritu, alma, cuerpo), (siguiendo igualmente dicho modelo), soteriológica (como el clásico comienzo, médio y fin, u hombre de arriba, hombre en el mundo y hombre liberado o nuevamente de lo alto —figura del salvator salvandus— o cosmológica: el Hombre sustancial es la base inmutable (el impotente
Attis) de toda generación, pero a ésta la sostiene el alma, principio de vida y de movimiento (tanto cósmico como individual), de aqui los diferentes niveles anímicos simbolicamente desarrolla-dos con el mito griego (
Selene,
Perséfone y
Afrodita), la que al igual que todo aquello de lo que origina el movimiento y la vida, de Aquél dependen, a Aquél aspiran y, por eso, sólo en Él podrán encontrar su reposo (tal jerarquia y necesaria subordinación queda elocuentemente expresada a través de los diferentes nombres y de las correspondientes exégesis que se atribuyen a
Adamas:
Attis, Hermes cilenio, Coribiante, Papas, estéril, espiga segada, etc.). Que lo dicho es así, lo sabe soberanamente el gnóstico, por eso se descu-bre en su dimension más profunda, como espiritual, y asciende al cielo siguiendo el camino abierto por el pneumático por excelencia, Jesús. Si la serpiente ocupa en esta escuela como en otras conocidas un lugar preponderante, ya sabemos que ello no es más que otra de las expresiones de la actitud antinómica del gnóstico (subsidiaria de su dualismo espiritualista), porque ha sido la verdadera reveladora del conocimiento, por oposición a la interpretación teológica superficial de la Iglesia mayoritaria (ésta no es más que psíquica o carnal). Ahora bien, cuando en vários pasajes del texto hipolitiano se utilizan términos y fórmulas de la teologia negativa ello es particular y no técnicamente, pues tales expresiones no se refieren a la
Divinidad Suprema propiamente inenarrable, sino al âmbito pleromático o espiritual que, naturalmente, también ofrece una distinción de nível respecto del cósmico, que ofrece dificultares para expresarse discursivamente. El hálito metafísicamente unitivo y la contraparte separativa que corre por estos testimonios, ha encontrado apto para expresarse, con toda legitimidad, elementos reflexivos del syndesmós de la tradición platónica. Ello, el lector lo irá comprobando, no constituye una novedad insólita entre los gnósticos.