VIDE: PLANO HORIZONTAL; SER E MEIO
René Guénon: SER E MEIO; DEUS HOMO NATURA
Por otra parte, si se entiende la Naturaleza en su sentido primero, es decir, como la Naturaleza primordial e indiferenciada que es la raíz de todas las cosas (la Mûla-Prakriti de la tradición hindú), no hay que decir que se identifica a la Tierra de la tradición extremo oriental; pero lo que aporta aquí una complicación, es que, cuando se habla de la Naturaleza como objeto de conocimiento, se la toma ordinariamente en un sentido menos estricto y más extenso que éste, y a ella se refiere el estudio de todo lo que se puede llamar la naturaleza manifestada, es decir, de todo lo que constituye el conjunto mismo del medio cósmico todo entero 1 . Se podría justificar esta extensión, hasta un cierto punto, diciendo que esta naturaleza es considerada entonces bajo el aspecto «substancial» más bien que bajo el aspecto «esencial», o que, como en el Sankhya hindú, las cosas son consideradas en ella propiamente como las producciones de Prakriti, reservando por así decir la influencia de Purusha, sin la cual, no obstante, ninguna producción podría ser realizada efectivamente, ya que, partiendo solo de la potencia pura, evidentemente no podría pasar nada de la potencia al acto; en efecto, en esta manera de considerar las cosas, quizás hay un carácter inherente al punto de vista mismo de la «física» o «filosofía natural» 2 . No obstante, puede sacarse una justificación más completa de la precisión de que, en relación al hombre, el conjunto cósmico es considerado como formando el «mundo exterior»; en efecto, no se trata entonces más que de un simple cambio de nivel, si se puede decir, que responde más propiamente al punto de vista humano, ya que, de una manera relativa al menos, todo lo que es «exterior» puede llamarse «terrestre», del mismo modo que todo lo que es «interior» puede llamarse «celeste». Aquí podemos acordarnos también de lo que hemos expuesto sobre el tema del Azufre, del Mercurio y de la Sal: lo que es «divino», puesto que es necesariamente «interior» a todas las cosas 3 , actúa, en relación al hombre, a la manera de un principio «sulfuroso» 4 , mientras que lo que es «natural», puesto que constituye el «ambiente», juega por eso mismo el papel de un principio «mercurial», como ya lo hemos explicado al hablar de las relaciones del ser con el medio; y el hombre, producto de lo «divino» y de la «naturaleza» a la vez, se encuentra situado así, como la Sal, en el límite común de ese «interior» y de ese «exterior», es decir, en otros términos, en el punto donde se encuentran y equilibran las influencias celestes y las influencias terrestres 5 .
Filosofia
Marcia Sá Cavalcante Schuback: Excertos de "Para Ler os Medievais"
O quase-lugar da alma indica a vida circunstanciada das coisas e, portanto, a vida das coisas em seu elemento. Lírio junto às fontes, rosa na primavera, estrela da manhã no "meio" da nuvem. Esse estar em meio a deus caracteriza o pertencimento dinâmico entre deus e todas as coisas. O meio é o elemento, no sentido em que a água é elemento para o peixe. O meio-elemento é que localiza as coisas, descobrindo os seus lugares no modo em que elas indicam a ação do meio. O lugar é, assim também, lugar-meio. O sentido de meio difere inteiramente de metade, de linha divisória e média. E com base na experiência medieval de meio como elemento que podemos observar como é imprópria a denominação desse tempo como Idade Média. A expressão "Idade Média" surge no Renascimento para qualificar essa estranha época inteiramente ocupada pela questão de deus. Com a expressão "Idade Média", o Renascimento caracteriza essa época como aquela que está no meio, na metade entre duas épocas, a Antiga e a Moderna, que são épocas marcadas pela liberdade. A Idade Média, ao contrário, está marcada apenas pelas trevas. O mais paradoxal é que, para essa época assim designada, o termo "meio" é uma de suas experiências mais próprias e decisivas. Mas o meio enquanto elemento, de onde surgem e para onde se destinam todas as coisas. Podemos nesse sentido perceber que essa designação tão imprópria de Idade Média deve-se, fundamentalmente, à incompreensão moderna do que seja o meio enquanto elemento. Pois o que faz do meio elemento é que todas as coisas que nele se encontram estão sempre reafirmando, confirmando, indicando o meio. Todas as coisas são sinais do meio-elemento. O peixe é sinal da força elementar da água. O lírio é sinal da força da fonte. A rosa é sinal da força primaveril. A estrela da manhã é sinal da força da sombra. Cada coisa é sinal da força do meio. Todas as coisas são sinais da força do meio divino. Mas de que maneira a alma humana é sinal do verbo de deus? Quais os advérbios da alma, quais os modos e circunstâncias em que ela é o mais possível o seu limite, o seu sinal?
NOTAS: