René Guénon: RELAÇÕES DO PONTO E DA EXTENSÃO
Puesto que el punto primordial es sin dimensiones, es también sin forma; por consiguiente, no es del orden de las existencias individuales; no se individualiza en cierto modo más que cuando se sitúa en el espacio, y eso no en sí mismo, sino solo en algunas de sus modalidades, de suerte que, a decir verdad, son éstas las que son propiamente individualizadas, y no el punto principial. Por lo demás, para que haya forma, es menester que haya ya diferenciación, y por consiguiente, multiplicidad realizada en una cierta medida, lo que no es posible más que cuando el punto se opone a sí mismo, si se puede hablar así, en dos o varias de sus modalidades de manifestación espacial; y esta oposición es lo que, en el fondo, constituye la distancia, cuya realización es la primera efectuación del espacio, que sin ella no es, como acabamos de decirlo, más que una pura potencia de receptividad. Destacamos todavía que la distancia no existe primero más que virtual o implícitamente en la forma esférica de la que hemos hablado más atrás, y que es la que corresponde al mínimo de diferenciación, puesto que es "isótropa" en relación al punto central, sin nada que distinga una dirección particular en relación a todas las demás; el radio, que es aquí la expresión de la distancia ( tomada desde el centro a la periferia ), no está trazado efectivamente y no forma parte integrante de la figura esférica. La realización efectiva de la distancia no se encuentra explicitada más que en la línea recta, y en tanto que elemento inicial y fundamental de ésta, como resultante de la especificación de una cierta dirección determinada; desde entonces, el espacio ya no puede considerarse como "isótropo", y, desde este punto de vista, debe ser referido a dos polos simétricos ( los dos puntos entre los cuales hay distancia ), en lugar de serlo a un centro único.
El punto que realiza toda la extensión, como acabamos de indicarlo, se hace su centro, al medirla según todas sus dimensiones, por la extensión indefinida de los brazos de la cruz en las seis direcciones, o hacia los seis puntos cardinales de esta extensión. Es el "Hombre Universal", simbolizado por esta cruz, pero no el hombre individual ( puesto que éste, en tanto que tal, no puede alcanzar nada que esté fuera de su propio estado de ser ), el que es verdaderamente la "medida de todas las cosas", para emplear la expresión de Protágoras que ya hemos recordado en otra parte 1 , pero, bien entendido, sin atribuir al sofista griego mismo la menor comprehensión de esta interpretación metafísica 2 .
NOTAS: