GURDJIEFF: CAPÍTULO XXXVIII — RELIGIÃO
PERENIALISTAS
Ananda Coomaraswamy: DA PERTINÊNCIA DA FILOSOFIA
As religiões podem e devem ser muitas; todas são individualmente uma disposição ou arranjo de Deus e podem e devem ser estilisticamente diferenciadas, visto que a coisa conhecida só pode estar em quem a conhece segundo o modo de quem a conhece; por isso, como dizemos na Índia, "Ele assume as formas que são imaginadas pelos que O veneram". Ou, como diz Eckhart, "eu sou a causa de Deus ser Deus" 1 . Por esse motivo as crenças religiosas, na mesma medida em que uniram os homens, também dividiram os homens uns contra os outros, como cristãos ou pagãos, ortodoxos ou hereges 2 , de modo que se quisermos saber qual pode ser o problema prático mais urgente a ser resolvido pelos filósofos, só podemos responder: é ser reconhecido num controle e numa revisão dos princípios de religião comparativa, cujo objetivo verdadeiro da ciência, julgada pela melhor sabedoria (e julgar é função própria da sabedoria aplicada), deveria ser demonstrar a base metafísica comum a todas as religiões e mostrar que as diversas sociedades estão basicamente relacionadas entre si como se fossem dialetos de um idioma espiritual e intelectual comum; pois quem reconhecer isso não terá mais vontade de afirmar: "A minha religião é a melhor", e em vez disso dirá: "A minha religião é a melhor para mim" 3 .
René Guénon: SINCRETISMO
Sea como sea, lo que es particularmente importante destacar, es que la falsa concepción que quiere ver sincretismo en las doctrinas tradicionales tiene como consecuencia directa e inevitable lo que se puede llamar la teoría de las «apropiaciones»: cuando se constata la existencia de elementos similares en dos formas tradicionales diferentes, se apresuran a suponer que una de ellas debe haberlos tomado de la otra. Bien entendido, en eso no se trata del origen común de las tradiciones, ni de su filiación auténtica, con la transmisión regular y las adaptaciones sucesivas que ella implica; todo eso, al escapar enteramente a los medios de investigación de que dispone el historiador profano, no existe literalmente para él. Se quiere hablar únicamente de apropiaciones en el sentido más grosero de la palabra, de una suerte de copia o de plagiado de una tradición por otra con la que se ha encontrado en contacto a consecuencia de circunstancias completamente contingentes, de una incorporación accidental de elementos desvinculados, que no responden a ninguna razón profunda4
; y es eso, efectivamente, lo que implica la definición misma del sincretismo. Por lo demás, nadie se pregunta si es normal que una misma verdad reciba expresiones más o menos semejantes o al menos comparables entre ellas, independientemente de toda apropiación, y no pueden preguntárselo, puesto que, como lo decíamos hace un momento, se ha resuelto ignorar la existencia de esta verdad como tal. Por otra parte, esta última explicación sería insuficiente sin la noción de la unidad tradicional primordial, pero al menos representaría un cierto aspecto de la realidad; agregaremos que no debe ser confundida de ninguna manera con otra teoría, no menos profana que la de las «apropiaciones», aunque de otro género, y que hace llamada a lo que se ha convenido llamar la «unidad del espíritu humano», entendiéndole en un sentido exclusivamente psicológico, donde, de hecho, no existe una tal unidad, e implicando, ahí también, que toda doctrina no es más que un simple producto de ese «espíritu humano», de suerte que este «psicologismo» no considera en mayor medida la cuestión de la verdad doctrinal de lo que lo hace el «historicismo» de los partidarios de la explicación sincrética5
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Señalaremos también que la misma idea del sincretismo y de las «apropiaciones», aplicada más especialmente a las Escrituras tradicionales, da nacimiento a la búsqueda de «fuentes» hipotéticas, así como a la suposición de las «interpolaciones», que es, como se sabe, uno de los mayores recursos de la «crítica» en su obra destructiva, cuya única meta real es la negación de toda inspiración «suprahumana». Esto se vincula estrechamente a la intención antitradicional que indicábamos al comienzo; y lo que es menester retener sobre todo aquí, es la incompatibilidad de toda explicación «humanista» con el espíritu tradicional, incompatibilidad que en el fondo es por lo demás evidente, puesto que no tener en cuenta el elemento «no humano», es desconocer propiamente lo que es la esencia misma de la tradición, aquello sin lo cual ya no hay nada que merezca llevar este nombre. Por otra parte, basta recordar, para refutar la concepción sincretista, que toda doctrina tradicional tiene necesariamente como centro y como punto de partida el conocimiento de los principios metafísicos, y que todo lo que conlleva además, a título más o menos secundario, no es en definitiva más que la aplicación de esos principios a diferentes dominios; eso equivale a decir que es esencialmente sintética, y, según lo que hemos explicado más atrás, la síntesis, por su naturaleza misma, excluye todo sincretismo.
NOTAS: