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philosophia perennis

Philosophia Perennis — Filosofia Perene


Objeto do site, cuja formulação em termos atuais, respeitando sua perenidade, os perenialistas que fundamentam este site dedicaram suas vidas aprofundando seus estudos e disseminando seus sentidos mais profundos e universais.

René Guénon: Philosophia Perennis

  • El término perennis, en él mismo, puede comprender también todo lo que acabamos de explicar; pero sería muy difícil decir hasta qué punto los escolásticos de la Edad Media, al lenguaje de los cuales pertenecía más particularmente el término de Philosophia Perennis, pudieron tener claramente consciencia del mismo, ya que su punto de vista, aún siendo evidentemente tradicional, no se extendía no obstante más que a un dominio exterior y por lo mismo limitado bajo múltiples aspectos. Sea lo que fuere, y admitiendo que se pudiera, independientemente de toda consideración histórica, restituir a ese término la plenitud de su significado, no quedaría menos por ello lo que hace llamada a las más serias reservas en cuanto a la asimilación que cuestionábamos al comienzo, y que es el término de Philosophia, término que corresponde precisamente de una cierta manera a esta limitación del punto de vista escolástico. En primer lugar, el término en cuestión, dado sobre todo el uso que hacen del mismo habitualmente los modernos, puede muy fácilmente dar lugar a equívocos; verdad es que se los podría disipar tomándose el cuidado de precisar que la Philosophia Perennis no es punto ninguno "una" filosofía, es decir, una concepción particular, más o menos limitada y sistemática y que tiene por autor a tal o a cual individuo, no, sino que es antes el fondo común de donde proceden todas las filosofías y del cual, las mismas tienen lo que hay en ellas de válido; y esta manera de considerarla respondería ciertamente en efecto al pensamiento de los escolásticos. Solamente, que en esto no habría por ello menos una impropiedad, ya que lo que aquí es cuestión, si fuera considerado como una expresión auténtica de la verdad como debe serlo, sería antes Sophia que Philosophia; la "sabiduría" no debe ser confundida con la aspiración que tiende hacia ella o con la búsqueda que conduce a la misma, y estas son todo lo que designa propiamente, siguiendo su etimología misma, el término "filosofía". Se dirá quizás que este término es susceptible de una cierta transposición, y, aunque la misma no nos parece imponerse como lo sería si no tuviéramos verdaderamente ningún otro término mejor a nuestra disposición, tampoco entendemos no obstante contestar su posibilidad; pero, inclusive en el caso más favorable, quedará todavía muy lejos de poder ser mirada como un equivalente de Dharma, ya que jamás podrá designar más que una doctrina que, cualesquiera que sea la extensión del dominio que abarque de hecho, permanecerá en todo caso únicamente teórica, y ya que, en consecuencia, no corresponderá de ningún modo a todo lo que comprende el punto de vista tradicional en toda su integralidad. Bajo este punto de vista, en efecto, la doctrina jamás es considerada como una simple teoría bastándose a sí misma, sino antes como un conocimiento que debe ser realizado efectivamente y, además, que conlleva aplicaciones que se extienden a todas las modalidades de la vida humana sin excepción. ESTUDIOS SOBRE HINDUISMO SANATÂNA DHARMA


Frithjof Schuon: philosophia perennis

Lo que hemos dicho de las sanciones divinas y de su raíz en la naturaleza humana o en el estado de desequilibrio de ésta, se aplica igualmente, desde el punto de vista de las causas profundas, a las calamidades de este mundo y a la muerte: tanto ésta como aquéllas se explican por la necesidad de un efecto de rechazo después de una ruptura de equilibrio. (78) La causa de la muerte es el desequilibrio que ha provocado nuestra caída y la pérdida del Paraíso, y las pruebas de la vida provienen, por vía de consecuencia, del desequilibrio de nuestra naturaleza personal; en el caso de las más graves sanciones de ultratumba, el desequilibrio está en nuestra esencia misma y llega hasta una inversión de nuestra deiformidad. El hombre «arde» porque no quiere ser lo que es -porque es libre de no querer serlo-; ahora bien, «toda casa dividida contra sí misma perecerá». De ello resulta que toda sanción divina es la inversión de una inversión; y como el pecado es inversión con relación al equilibiro primordial, se puede hablar de «ofensas» hechas a Dios, aunque no haya en ello, con toda evidencia, ningún sentido psicológico posible, a pesar del inevitable antropomorfismo de las concepciones exotéricas. El Corán describe, con la elocuencia ardiente que caracteriza a las últimas suras, la disolución final del mundo. Pues bien, todo esto se deja transponer al microcosmo, en el que la muerte aparece como el fin del mundo y un juicio, es decir, como una absorción del exterior por el interior en dirección al Centro. Cuando la cosmología hindú enseña que las almas de los difuntos van en primer lugar a la Luna, sugiere indirectamente, y al margen de otras analogías mucho más importantes, la experiencia de inconmensurable soledad -las «ansias de la muerte»- por la que pasa el alma al salir «a contrapelo» de la matriz protectora que era para ella el mundo terrestre; la luna material es como el símbolo del absoluto extrañamiento, de la soledad nocturna y sepulcral, del frío de eternidad; (79) y este terrible aislamiento post mortem es el que marca el choque de rechazo en relación, no con determinados pecados, sino con la existencia formal. (80) Nuestra existencia pura y simple es como una prefiguración todavía inocente -pero sin embargo generadora de miserias- de toda transgresión; al menos lo es en cuanto «salida» demiúrgico fuera del Principio, y no en cuanto «manifestación» positiva de éste. Si la Philosophia Perennis puede combinar la verdad del dualismo mazdeo-gnóstico con la del monismo semítico, los exoteristas, por su parte, están obligados a elegir entre una concepción metafísicamente adecuada, pero moralmente contradictoria, y una concepción moralmente satisfactoria, pero metafísicamente fragnientaria. COMPREENDER O ISLÃ 2
Desde el punto de vista de la Religio Perennis, la cuestión de la Sunna implica un problema muy delicado por el hecho de que la acentuación de la Sunna media y social es solidaria de un psiquismo religioso particular, que por definición excluye otros psiquismos religiosos igualmente posibles y forja, como ellos, una mentalidad particular, y no esencial -con toda evidencia- a la gnosis islámica. Dejando aparte este aspecto de las cosas, no hay que perder de vista que el Profeta, como todo hombre, estuvo obligado a realizar una multitud de actos durante su vida, y que forzosamente los realizó de una determinada manera y no de otra, e incluso de diversas maneras según las circunstancias externas o internas; él bien entendía servir de modelo global, pero no siempre especificó que tal o cual acto tuviera el alcance de una prescripción propiamente dicha. Además, el Profeta dio enseñanzas diferentes para hombres diferentes, sin ser responsable del hecho de que los Compañeros -diversamente dotados- transmitieran más tarde todo lo que habían visto y oído, y de que lo hicieran a veces de modo divergente, según las observaciones o acentuaciones individuales. La conclusión que hay que sacar de esto es que no todo elemento de la Sunna se impone de la misma forma ni con la misma certeza, y que en muchos casos la enseñanza se refiere a la intención más bien que a la forma. COMPREENDER O ISLÃ 2


Ananda Coomaraswamy: Philosophia Perennis

Los filósofos tienen teorías personales sobre la naturaleza del mundo; nuestra «disciplina filosófica» es primariamente un estudio de la historia de estas opiniones y de sus conexiones históricas. Nosotros animamos al filósofo en ciernes a tener sus propias opiniones con la expectativa de que puedan representar una mejora sobre las teorías previas. No consideramos, como hace la Filosofía Perenne, la posibilidad de conocer la Verdad de una vez por todas; y todavía menos erigimos ante nosotros, como nuestra meta, devenir esta verdad. METAFÍSICA: El Vedânta y La Tradición Occidental


Aldous Huxley: FILOSOFIA PERENE