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Docta Ignorancia

NICOLAU DE CUSA — DA DOUTA IGNORÂNCIA


Excertos de IDENTIDAD EN LA ALTERIDAD. LA DOCTRINA DE LA ESENCIA ÚNICA EN DE DOCTA IGNORANTIA DE NICOLÁS DE CUSA, Claudia D'Amico, SCINTILLA IV,1

El tema del deseo ligado al entender inaugura el plexo de problemas que habrá de abordar Nicolás de Cusa en La docta ignorancia (DDI). El argumento podría sintetizarse del siguiente modo: todos los hombres desean por naturaleza conocer; conocer implica establecer proporciones; lo absoluto en cuanto tal escapa a toda proporción; lo absoluto, por tanto, resulta incognoscible.

La búsqueda de la verdad concebida como natural en el hombre no es, como se sabe, una novedad de la filosofia cusana. Tampoco lo es la relación que establece Nicolás entre la satisfacción de tal apetito natural y la plenitudo o quies de la propia naturaleza.

Acaso la novedad que presenta Nicolás de Cusa en DDI resida en el siguiente matiz: de un lado, el deseo y el entender humanos brindan el marco único desde el cual es posible ofrecer un discurso acerca de lo absoluto; de otro, ofrecer tal discurso se vuelve para el hombre una tarea tal que, renunciar a ello, comprometeria su propia humanidad. Sin embargo, orientado naturalmente a alcanzar la maximidad absoluta se le devela al hombre un camino paradojal: aquello que quiere -y, en cierto sentido, se le impone- alcanzar, no es ello mismo alcanzable. Ahora bien, puesto que el deseo en él no puede ser vano, lo que desea saber es que ignora y nada se le presentará como más perfecto en su humano entender que saberse doctísimo en la ignorancia misma. Así pues, ante la ineludible tarea de brindarse un discurso acerca de lo que por si mismo es inefable tal discurso sólo podrá ser un discurso ignorante.

El planteo inicial de DDI de Nicolás de Cusa ha sido entendido en ocasiones como el comienzo, al mismo tiempo, del problema de la subjetividad que caracteriza a la modernidad, y en realidad, es innegable que su filosofia presenta perspectivas innovadoras en muchos aspectos y muchas veces de manera deliberadamente innovadoras. Sin embargo, creemos que toda la obra debe ser entendida todavía en un sentido medieval: la índole de lo absoluto es lo que condiciona las posibilidades del hombre y no a la inversa. El hombre cusano no es aquel que se propone analizar los límites de sus facultades cognoscitivas sino aquél al cual su propio modo de operar cognoscitivo le confirma aquello que, de alguna manera, pre-conoce: la infinita inaccesibilidad de la Verdad. En este sentido podemos decir que el pensamiento cusano no sólo se inscribe en la problemática del pensador medieval sino, de un modo más específico, de un pensador neoplatónico medieval para quien la verdad absoluta representa un principio negativo inalcanzable mediante la especulación racional. De tal principio negativo procede todo en el orden de la afirmación.

La definición del conocimiento como proporción permite al Cusano construir la noción de ignorancia como auténtico saber sin renunciar al análisis del conocimiento sino, por el contrario, colocándolo al servicio de su ignorancia y mostrando en él la superación de su propio límite. Para Nicolás de Cusa, el instrumento cognoscitivo de la proporcionalidad brinda una evidencia del orden de lo real. El hecho de poder realizar una proporción supone, por sí mismo, que se cumplan dos condiciones:

- la conveniencia en algo uno,

- la diferencia.

En otros términos, identidad y la alteridad, resultan las condiciones de posibilidad de toda comparación posible, y en términos cusanos, de todo lo que puede ser llamado conocimiento. Esto significa que lo real que afirmamos conocer, i.e. lo que es susceptible de ser proporcionado requiere necesariamente de estos elementos. En este contexto, introduce el Cusano una noción fundamental a partir de la cual puede esclarecerse el modo de conocer humano, la noción de "número". Proporción y número resultan inseparables: "Por su parte la proporción, dado que implica la conveniencia en algo uno y simultáneamente también la alteridad, no puede ser entendida sin el número".