Henry Corbin: Corpo Espiritual e Terra Celeste
A partir de este punto podemos superar ya el nivel en el que se ha planteado una de las preguntas más irritantes que ha atormentado a varias generaciones de orientalistas: ¿dónde tuvo lugar la predicación de Zoroastro? ¿Dónde estaba Eran-Vej, puesto que Zaratustra tuvo sus visiones y comenzó su predicación en Eran-Vej? La mayoría de los orientalistas admite hoy que el lugar de predicación de Zaratustra, tal como podemos considerarlo en nuestros días leyendo los Gathas, tenemos que situarlo en Asia central, en algún lugar de la región del Alto Oxus, en el límite oriental del mundo iraní. Sin embargo esta actitud científica imperante está en contradicción con las tradiciones iraníes posteriores, las de la época sasánida y post-sasánida, que sitúan el nacimiento y la predicación de Zaratustra en el extremo occidental del mundo iraní, en Azerbayán. Se han buscado soluciones conciliadoras, tratando de mantenerse en el terreno de los hechos positivos: Zaratustra podría haber nacido en el Oeste, pero podría haber predicado en el Este. Una solución reciente se inspira precisamente en el sistema de los keshvars: la historia sagrada del zoroastrismo primitivo podría haber tenido lugar en la parte oriental del mundo iraní, y luego, al ir penetrando progresivamente la misión zoroástrica hacia el oeste del mundo iraní, un buen día la orientación geográfica se habría invertido totalmente (el keshvar oriental se habría convertido en el keshvar occidental). Todo habría ocurrido como si el sistema de los keshvars hubiera girado sobre un eje central. Se ha pronunciado incluso la palabra "falsificación" porque de este modo los Magos occidentales habrían localizado en Azerbayán los lugares santos de la historia sagrada (el Arax, el monte Savalan, la ciudad santa de Shiz), sin que esta identificación tenga el menor valor "histórico".
En realidad la palabra "falsificación" está aquí totalmente fuera de lugar dado que lo que podemos constatar es precisamente la conservación de la estructura de un espacio esencialmente cualitativo cuyas regiones no se reparten en función de unas coordenadas geométricas previas, sino en función de su cualificación intrínseca. Si ha habido una transposición total del lugar de las escenas históricas, este hecho presupone y demuestra en primer lugar la posibilidad de una operación mental cuyo control y significado escapan a la ciencia positiva que, aferrada únicamente a los datos materiales, se limita a hablar de "falsificación" al menos inconsciente. [...]
El término avéstico Airyanem Vaejah (en pehlevi Erân-Vêj) designa la cuna y origen de los arios-iranios en el centro del keshvar central (orbis, zona). Las tentativas para situar su posición geográfica en nuestros mapas se enfrentan a grandes dificultades; a ninguna solución convincente se ha llegado de esta manera, por la sencilla razón de que esta localización corresponde a una geografía visionaria. Los datos que se ofrecen aquí corresponden a una imagen primordial, arquetípica, es decir, al fenómeno primario de orientación que se evocaba al principio (supra I, 1). Es esta imagen la que determina y regula la percepción de los datos empíricos y no al revés, es decir, no son los datos empíricos, geográficos y culturales, los que determinan la imagen. Es ésta la que da su sentido a los acontecimientos físicos, la que los precede, pero no son ellos los que la provocan. Esto no significa, sin embargo, que se trate de pura «subjetividad», en el sentido en que entendemos corrientemente esta palabra en la actualidad. Se trata sin duda de un órgano de percepción, al que corresponde, como objeto, un plano o región determinada del ser, que en la elaboración filosófica irania más tardía se presenta como Tierra celestial de Hûrqalyâ. Para orientarnos, lo mejor es preguntarnos en primer lugar por los acontecimientos que tienen lugar en Erân-Vêj. Recordaremos solamente aquellos que tienen una relación directa con nuestro propósito.
Erân-Vêj es el lugar de las liturgias memorables celebradas por el propio Ohrmazd, por los seres celestiales, los héroes legendarios. En Erân-Vêj fue donde el hermoso Yima, el de belleza resplandeciente, el mejor de los mortales, recibió la orden de construir el cercado, el var, donde fue reunida la elite de los seres más bellos, los de mayor encanto, para ser preservados del invierno mortal desencadenado por las potencias demoníacas y para repoblar un día un mundo transfigurado (Vendidad 2, 21-ss.).
Este var o paraíso de Yima es descrito como un cercado que comprende, a la manera de una ciudad, casas, reservas, murallas. Tiene puerta y ventanas luminiscentes que generan por sí mismas la luz en el interior, pues está iluminado tanto por luces increadas como por luces creadas. Sólo una vez al año sus habitantes ven ponerse y levantarse las estrellas, la luna, el sol. Y por eso un año no les parece más que un día. Cada cuarenta años, de cada pareja humana nace otra pareja, varón y mujer. «Y todos ellos viven la más hermosa de las vidas en el var permanente de Yima.»
Ciertamente se estaría tentado de encontrar en esta descripción alguna reminiscencia de una estancia primitiva de los iranios en un extremo norte geográfico, donde habrían conocido una aurora de treinta días con un ascenso anual del sol. Predominan sin embargo las indicaciones de que estamos de hecho en el umbral de un más allá sobrenatural: hay luces increadas; un mundo que genera su propia luz, como esos mosaicos bizantinos cuyo oro ilumina el espacio circundante, pues los cubos de cristal están provistos de una hoja de oro; un país sin sombras, poblado de seres de luz que han alcanzado alturas inaccesibles a los terrestres. Son verdaderamente seres del más allá: allí donde cesa la sombra que pone en cautividad a la luz, allí comienza el más allá, y ése es el misterio que cifra el símbolo del norte. De la misma manera, los hiperbóreos simbolizan al hombre cuya alma ha alcanzado tal perfección y armonía que está libre de negatividad y de sombra; no es ni de oriente ni de occidente.
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